Rimas y leyendas de la “Nueva” Educación

A raíz de la lectura de la obra La buena y la mala educación de la hispanista sueca Inger Enkvist, me ha surgido la necesidad de escribir sobre uno de los temas más acuciantes ahora y en el pasado de nuestra sociedad: el tan traído y llevado Sistema Educativo.

Muchos son los mitos que a menudo se oyen sobre la educación en las conversaciones de café con los amigos, entre padres preocupados o entre los propios adolescentes, que son en última instancia los que padecen las consecuencias de lo que la sociedad llama Educación. Quizá algunos lectores esperarán una arenga melodramática estilo ese anuncio de una entidad bancaria que, a la fecha de publicado este textículo, puede verse en televisión. En él, una profesora aboga por lo que conoceremos como La Nueva Educación, es decir, desterrar la memorización, aprender a aprender, crear la creación y trabajar por proyectos donde todos son líderes, actores y, sobre todo, profesores.

La hispanista sueca Inger Enkvist no deja títere pseudopedagógico con cabeza. Seguramente tendría mucho que decirle a esa profesora-ideal que suelta el rollo a un grupo de alumnos-actores los cuales, después de sonar el timbre, levantan la mano todos como diciendo: nos ha picado la cuca de la curiosidad y ya nunca más volveremos a ser ignorantes. La vileza de este mundo es tal que hasta una entidad bancaria, que como todas cobran a las familias de esos niños intereses abusivos en las hipotecas, disfraza su actividad con obras sociales y meten sus manos sucias de billetes en la Educación. No es de extrañar, me dice Enkvist, lo que quieren es ganar dinero a toda costa, como sea. Déjame que te cuente, insiste Inger, algunas de las mentiras de la “Nueva” Pedagogía.

Primera falsedad: La Nueva Pedagogía es “nueva”. El ideal de que los alumnos deben aprender a expresar sus sentimientos y que la escuela debe ser un vehículo que saque a relucir lo que se lleva dentro, como si de una secta múltiple se tratara, no es un proyecto nacido en el siglo XXI. Desde los años 70, situando su punto de partida en 1968, se aboga por este modelo de sociedad en la que todos seremos eternos niños y niñas saltando al corro cogidos de las manos. El sueño de unos hippis-siniestros a quienes rescató de su sueño papá, dejando a los hippis-obreros en la estacada. Los jóvenes de entonces son los viejos de ahora que nos hacen tragar su anticuada modernidad, con ese tono de suficiencia del que sólo se ha preocupado por gastarse la herencia legada por las generaciones anteriores. A esos, lo único que les preocupa, es que nadie los quite de donde están. Por eso el mérito, el trabajo, el esfuerzo, no les interesa: no son ellos.

Segunda: La competitividad es negativa: absolutamente falso. España tiene actualmente de las mejores ligas de futbol del mundo para ser un país que no llega a los 50 millones de habitantes. En el patio de todos los colegios, está clarísimo quiénes son los hábiles con el balón y quiénes no. Así mismo hay centenares de clubes donde los chavales entrenan y los más malos chupan banquillo el sábado por la mañana en el partido. Nadie se muere. ¿Por qué no sucede lo mismo en la Educación? Los países hispanohablantes vamos a la cola en todas las listas internacionales: donde menos se lee, donde menos se estudia, donde hay más paro, donde progresan más los más mediocres; eso sí, no se compite en Educación, no vaya a ser que alguien se pudiera llegar a sentir inferior. Lo que ocurre es que con una buena Educación tendremos buenos médicos, jueces, profesores… con un buen sistema futbolístico seguiremos teniendo al Real Madrid. No son antagónicos, traslademos lo que sabemos de los deportes al intelecto.

Tercera: Los resultados de los alumnos dependen de la capacidad del profesor para motivarlos. Situar el sentido de la vida de los niños y adolescentes en manos de un profesional, para el que la sociedad no guarda ningún tipo de respeto, es una de las decisiones más irresponsables que se pueden tomar. El garante del éxito educativo es el propio alumno, en primer lugar, y sus padres o familia, en segundo lugar. Quien tiene las riendas de su vida es cada persona particular. Luego, la motivación y las ganas de trabajar, y de ser feliz, las tiene que traer cada uno de casa: el profesor y los alumnos. A la escuela se va a aprender lo que sabe el maestro en primer lugar, y el saber se debe respetar. Los gustos particulares son tantos y tan dispares que nunca se podrán satisfacer del todo, excepto quizá el gusto por no hacer nada de provecho, que luego trae depresión, abulia y tristeza crónica. El ser humano necesita sacrificio para ser feliz. Por eso existen las religiones, los veganos, los genios, las empresas y el sistema educativo.

Cuarto: El método tradicional socaba la creatividad de los alumnos. Este es uno de los puntos más importantes y con el que más estoy de acuerdo con Enkvist. Para ser creativo escribiendo, primero hay que saber escribir; para ser un gran dibujante, primero hay que saber dibujar. Si el aprendizaje no supone un reto: no se está aprendiendo. Le pueden decir alguien que libere su creatividad en un folio en blanco, y quizás tenga muchas ideas en su cabeza, pero incluso sabiendo mucho, cualquiera que haya perdido mínimamente el tiempo en una actividad creativa sabrá lo siguiente: es extremadamente difícil ajustar las ideas que tenemos en la cabeza a la realidad, ya sea en un texto o un lienzo. Para hacerlo con un mínimo de garantías, se necesitan horas de sistematización, de repetición, de técnica. Si el reto es demasiado difícil, se pierde interés. El profesor debería saber ajustar muy bien la lección a la capacidad de su alumno para que le supusiera un reto posible y una mejora palpable, tras un trabajo paciente. Pero para pasar de ser un cateto a ser un genio hace falta mucho más que el deseo. La prueba de que el llamado método tradicional postindustrial ha generado grandes creativos está en la Historia de la humanidad. Ahora tenemos muchos youtubers creadores de contenido que critican la poca educación que recibieron, la cual consideran insuficiente por ser poco creativa y divertida. No, Jordi Wild, tus palabras son pobres porque tu formación es pobre, y si tienes público es porque tienes talento y muy poco nivel en la audiencia.

Quinta: En los países más avanzados en educación se aprende por proyectos. Los que mejores resultados consiguen en la clasificación internacional son los asiáticos: China. En Europa, a Finlandia e Irlanda no les va mal en el último informe PISA 2018 que mide el rendimiento académico de los alumnos, sobre todo en lectura ese año. No habrán cambiado mucho las cosas para los países hispanohablantes. Entre los veinte primeros puestos, sin contar las regiones chinas, no hay ninguno. La tierras que han parido a Cervantes, Garcilaso, Cortázar, César Vallejo y tantísimos otros no aparecen de los primeros en el ranquin en una edición de lectura, cuando lo más valioso que ha exportado Iberoamérica al mundo han sido sus escritores y su filosofía. Es tan poco el respeto que nos tenemos a nosotros mismos que menos mal que está Portugal. Llevamos muchos años educando por proyectos: ahí están los resultados para cualquiera que quiera verlos. Es humano equivocarse y es de sabios rectificar, pero las nuevas leyes educativas van en dirección contraria, huyendo hacia delante porque no queda otra salida. Tiene mal color el futuro de la educación en España e Hispanoamérica si no se produce pronto un cambio de rumbo. Y ya no es tan cierto que los alumnos chinos y asiáticos están más estresados y se suicidan más, cuando vemos crecer en nuestros países las tasas de suicidio entre adolescentes y la educación no mejora. Algo estamos haciendo mal y a la sociedad no parece importarle, porque ignora que lo pagará caro.

Hay Sexta y Séptima y Octava… pero el texto se iría aún más de las manos y no es esa la intención de este pobrecito escribidor, metido a tiempo completo a pobrecito profesor de educación secundaria. Debo decir, en primera persona, que a pesar del tono severo, soy al cabo optimista y creo en el poder transformador de las futuras generaciones. Cuando pasen diez años y terminen de desaparecer los adalides de la posmodernidad del 68 será una buena oportunidad para vivir en tiempos más sensatos y justos. Las nuevas generaciones serán mucho mejores que las anteriores porque lo tienen mucho más difícil que sus predecesores, los cuales han vivido, como sociedad en conjunto, en los mundos de yupi. Bien por ellos, ahora toca recoger los vasos y limpiar la casa que llamamos Occidente y que ha sido durante mucho tiempo, gracias a su tradicional y hoy denostado sistema educativo, espejo de las sociedades del mundo. La verdad siempre sale a flote.

Volverán las oscuras golondrinas
a la educación sus nidos a colgar,
pero esos proyectos asquerosos,
organizando la nada al educar,
paridos por ignorantes insidiosos…
¡esos no volverán!

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