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  • Técnicas efectivas para enseñantes

    Técnicas efectivas para enseñantes

    4. El mejor trabajo del mundo no es un trabajo

    En España faltan docentes y cabe preguntarse por qué. De todas las profesiones especializadas, la docencia ha sido en este país una salida secundaria para aquellos profesionales que no han podido dedicarse a otra cosa y han acabado de profesor/a. La labor de enseñar, sobre todo en la educación secundaria, no es por tanto una opción prioritaria para la mayoría de los profesionales. En prensa y televisión es habitual encontrar noticias inexactas sobre la realidad en las aulas, las cuales dibujan un panorama en la docencia española que alejaría a cualquiera que quisiera dedicarse a esta labor. Este artículo rompe una lanza en sentido contrario y aboga por defender este trabajo que, pese a sus evidentes dificultades por todos conocidas, es el mejor de todos.

    4.1. La burbuja de la comunidad educativa

    Los docentes han sido, en general, una comunidad bastante independiente de las demás. Es habitual en esta profesión que los trabajadores que la ejercen no hayan trabajado de otra cosa más que de profesor/a. En los casos en que es así, significa que ese/a profesional ha pasado literalmente toda su vida en el sistema educativo, sin conocer y ajeno al mundo de la empresa privada. Por definición, ninguno de los ámbitos, el de la docencia y el de la empresa, son mejor o peor que el otro, pero sí que son irremediablemente complementarios porque este bebe de aquel. No obstante, se da la circunstancia especial de que muchos de los guías que preparan a sus estudiantes para el encuentro con el mundo de ahí fuera no tienen el conocimiento empírico de esa realidad. Esto no los hace ni mejores ni peores profesores, pero es un factor a tener en cuenta a la hora de valorar la profesión comparándola con las demás que existen. No deja de ser habitual, en las conversaciones de café, oír a compañeros educadores quejarse por la falta de disciplina, el exceso de burocracia, el nivel cada vez más bajo de los aprendices, etc. A pesar de que todas estas reivindicaciones tienen mucha parte de verdad, si no se compara con el resto de la realidad laboral circundante, los juicios que se pueden extraer pueden ser exagerados. No cabe duda de que los docentes que se lamentan a la hora del patio durante el café lo hacen también dentro del aula, en la intimidad que siempre se produce en una clase, aunque sea de treinta miembros. Quizá por eso, los alumnos perciben la docencia como una profesión durísima, al alcance de unos pocos elegidos y sacrificados profesionales, que deciden ejercerla a pesar del poco o nada dinero que ganan, porque probablemente han fracasado en todo lo demás.

    No hay nada más lejos de la realidad. Cualquiera que haya trabajado de otra cosa, incluso en una profesión de carácter más liberal, sabe que ser profesor/a de secundaria que puede ser mucho más cómodo que estar ocho horas delante de un ordenador, o aguantar los turnos (de mañana, de tarde, de noche) en la planta de una fábrica, o estar al frente del público adulto en una sucursal bancaria, por ejemplo. Incluso para la profesión de médico, tan necesaria y respetable, resulta mucho más necesaria la vocación que para ser docente, pues aquel es un trabajo mucho más duro y demandante.

    4.2. El mito de la mina de oro

    Los mitos sociales se sustentan a veces en datos casuales que todos los miembros de una determinada región o país han dado por ciertos y verdaderos. De profesor/a se cobra poco y se sufre mucho, así podría resumirse lo que muchas personas piensan actualmente de esta labor. Sin embargo, cuando se analiza la realidad de forma objetiva, con rigor científico si se quiere, se hace evidente que esta idea tan extendida es un absoluto error. Bien es cierto que el salario podría ser mejor, de hecho, sería coherente exigir una mejor educación a los profesionales y pagarles adecuadamente por su servicio, pero si comparamos lo que cobra un trabajador medio especializado y lo comparamos con lo que cobra de media un docente, se haría evidente que, en esas cuentas, no salen tan perjudicados los profesores. Por supuesto que hay retos importantes a nivel de disciplina y transformación digital que hay que afrontar en el presente, pero resultan equivalentes, incluso privilegiados, a los retos y dificultades que las demás profesiones habrán de afrontar también. Por tanto, esta profesión es una mina.

    En la economía del dinero parece existir el principio de que cuando algo es una gran inversión, una mina de oro, lo mejor es guardar el secreto. Parece que haya sido este el principio que ha regido a los trabajadores de la docencia. Cuando la sociedad habla con ellos pareciera que están sometidos a un sufrimiento constante, a una tortura sin nombre. Es por ello por lo que muchos estudiantes ni siquiera se plantean esta vía y prefieren optar por opciones mucho más duras como el trabajo social, la traducción o, incluso, la policía. Si desde el instituto los estudiantes de bachillerato pudieran analizar bien las profesiones, que ellos no conocen y sus formadores tampoco, quizá la opinión que tienen hacia la docencia cambiaría totalmente de forma natural, es decir, sin tener que sostener acaloradas discusiones sobre lo que es mejor para cada uno. Así que sorprende que determinadas carreras, cuya salida principal suele ser la docencia, están completamente vacías, faltas de estudiantes, y se entra con un cinco, no porque su ciencia sea peor que las otras, sino porque simplemente no se han puesto de moda.

    Cada cual debe juzgar lo que es mejor para sí mismo, pero es un mandato informarse bien para tomar la decisión más acertada. Probablemente a muchos ya les está bien este sistema. Si no hay profesores de determinadas especialidades donde uno va a morir de hambre, en general las especialidades humanísticas, entonces también hay menos competencia. Encontrar trabajo es más fácil, hay más plazas disponibles y las oposiciones resultan al cabo más sencillas porque hay menos aspirantes que compiten entre sí. No es nada extraño que en esos procesos de selección públicos haya convocatorias donde las plazas se quedan sin cubrir por el bajo nivel que ofrecen los aspirantes a ellas. Esto resulta muy asequible para los profesionales, y sería tirar piedras sobre el propio tejado, de no ser porque es tremendamente perjudicial para los estudiantes, cuyo bienestar debería ser la principal preocupación de un país próspero. Si la docencia no es una profesión atractiva y hay de hecho profesores/as, cabre preguntarse qué clase de trabajadores son los que generalmente ocupan estas plazas. Efectivamente, abundan personas sin vocación, sin interés y sin compromiso, que no podrían estar en la empresa privada con unas condiciones tan privilegiadas y que, gracias a la docencia en el instituto, disfrutan de una vida objetivamente envidiable. A todas luces parece este el secreto mejor guardado de la profesión que este artículo quiere desvelar por el bien del alumnado y, por extensión, el de la sociedad. No existen poderes superiores que quieran devaluar la educación, lo único que hay es ignorancia y dejadez.

    4.3. Conclusión: una anécdota personal

    Para finalizar este ensayo sobre la educación actual, que ha pasado por diferentes temáticas y consta de varios capítulos, me permito en este apartado, el de la conclusión, el uso de la primera persona y del material de la experiencia. Quisiera ilustrar lo bonita que es esta profesión explicando una anécdota que me ha sucedido recientemente con mis alumnos/as, a los cuales les mando un cálido abrazo si algún día están leyendo esto.

    Después de una jornada fuera del instituto, una salida que hicimos para participar en la universidad en un concurso de Gramática, surgió la oportunidad de compartir un café con el grupo reducido de alumnos, unos doce, que me acompañaron en la actividad. En el contexto de una conversación desenfadada, les comenté esto mismo que ha nutrido el capítulo de esta última parte, quizá con palabras más emocionales y subjetivas.

    Estábamos sentados en la Plaza del Rey de Tarragona. El espacio es un rectángulo amplio, levísimamente inclinado por la pendiente, rodeado en un flanco por la torre del Pretorio, una iglesia justo enfrente, el museo arqueológico al otro lado y antiguos edificios de viviendas de mediados del siglo XIX, cuando probablemente se hizo un plan de dignificación de toda la parte romana que casi nadie recuerda ya. El día era claro, sin prácticamente nubes, con un cielo azul oscuro propio del invierno y un sol lejano, con esa luz blanca tan especial propia de la época del año. Aunque hacía frío, se estaba muy a gusto. Los estudiantes y yo repasábamos anécdotas, aspectos divertidos del concurso en el que habían participado y otros recuerdos más lejanos de experiencias con alumnos y profesores pasados. Siento por esos doce alumnos un cariño muy especial, y por el resto de los compañeros de su promoción también. No solamente porque fueran académicamente solventes —que lo son y mucho— sino porque tienen muy buen corazón, y ese es el valor más importante de en una sociedad. Es difícil que una persona nos parezca mala si la conocemos bien, pero haber tenido, y tener aún ahora, la oportunidad de tratar con ellos y ellas es el mejor privilegio de esta profesión.  

    El caso es que J. me preguntó si, pasado el tiempo, me acordaría del nombre de todos ellos. Sin pensarlo demasiado, respondí que sí, sin duda, a los que estaban en ese momento sentados conmigo, en esa mañana de invierno junto a la Torre del Pretorio, en la milenaria Tarraco, que tantos alumnos y profesores habrá visto pasar frente a sus megalíticas piedras amarillas, seguro que los recordaría. A ellos y a otros que no habían podido venir, a algunos que ya había tenido y a muchos otros que están por llegar. Cada uno de estos estudiantes se lleva una pieza de nuestro corazón y nos deja otra del suyo.

    A raíz de ese día, empecé a columbrar este artículo sobre la educación actual, que quisiera ayudar a otros docentes y profesionales, para que vivieran un momento así con sus estudiantes, para concienciar a la sociedad sobre la importancia de la educación, para ofrecer algunas técnicas y recursos que a veces comento con otros compañeros/as pero que nunca me había sentado a darle forma de texto o ensayo para mi tesis. El caso es que, entre los temas de conversación, les hablé de que mi profesión me parecía el mejor trabajo del mundo, porque para mí no es un trabajo en absoluto. Si bien es cierto que hay momentos amargos, que los retos no se terminan nunca, que siempre hay tareas por corregir… a pesar de todo lo que puede parecer malo, el balance sin duda es positivo. Animo a cualquiera que se haya imaginado enseñando un tema que se anime a ser profesor o profesora, sobre todo de secundaria. El único requisito para ello, además de los estudios necesarios para ejercer la profesión, es que a esa persona le apasione de verdad lo que hace. Que le ponga corazón y esfuerzo, el resto vendrá solo. Lo creo así.

    «Ser profesor es el mejor trabajo del mundo.» les decía bajo la luz agradable de una mañana de invierno «Yo, por ejemplo, ahora estoy trabajando. Y esto no es trabajar.»

    …

    En esta entrega de artículos se han ido desgranando algunos consejos y técnicas para la gestión de aula, dirigida a los muchos compañeros/as docentes y a cualquier persona curiosa que quiera reflexionar y ver por dentro cómo funciona la educación.

    Cada domingo se ha ofrecido algún tema de debate a este respecto. Las opiniones en libertad de otros docentes o de personas ajenas al ámbito de la educación serán bienvenidas. Muchas gracias por leer hasta aquí y, si te has quedado con ganas de más, te invito a seguir explorando este sitio. Cada domingo publico una historia nueva.

    Un abrazo. Muchas gracias,

    Ricardo R. B.

  • Técnicas efectivas para enseñar (Parte 3)

    Técnicas efectivas para enseñar (Parte 3)

    3. La pauta para una clase motivadora de una materia aparentemente aburrida

    Estaba pensado planear esta entrada del artículo en forma de historia, para hacerla más agradable para el posible lector/a que se acerque a estas páginas. Sin embargo, se ha optado por el sentido práctico de este texto, que quiere ser, en primer lugar, una herramienta efectiva para la gestión de aula, es decir, para sobrevivir a cualquier clase. Como las lecciones suceden dentro de un tiempo muy acotado (60 minutos), cada uno de los pasos que se irán detallando se sucederían por orden cronológico al entrar al aula.

    3.1. La entrada

    Cualquiera que haya sido estudiante recordará de aquellos años que había docentes que imponían nada más verlos. Estos parecían tener un aura especial que hacía que los alumnos de las clases más movidas se callaran rápidamente y sin necesidad de abrir la boca conseguían que cada alumno ocupara su asiento en silencio y con presteza. Lo primero que hay que decir es que, siendo estas historias ciertas, a veces están exageradas por la memoria del adulto y distorsionadas por la perspectiva de un chaval de doce o trece años. Los adolescentes, sobre todo los de primera edad, son más influenciables a los estímulos externos porque también son más sensibles. Con los años, la llegada de la madurez va matizando e insensibilizando las emociones, para bien o para mal. El caso es que no hay que esperar ser de la noche a la mañana como aquel profesor/a que sabía imponer el orden en un santiamén, pero sí podemos tomar algunas ideas para lograr algo parecido. Estos profesionales sienten una gran sensación se seguridad, de dominio de la situación, lo cual les hace transmitirlo a sus alumnos con su lenguaje corporal, con su aura, con la manera que tienen de abrir la puerta y de poner un pie dentro del salón.

    Por lo tanto, una de las claves del éxito para empezar una clase con buen pie es sentir el dominio de la situación, y para ello es importante saber cómo comenzar a desarrollar las actividades didácticas. Lo primero que hay que conseguir es la atención de los alumnos y, para ello, lo primero que debe exigir el profesor/a es que los alumnos/as estén sentados en su sitio correspondiente. Algunos pueden venir a la mesa a saludar, a poner el docente a prueba o a preguntar una duda, la respuesta debe ser tranquila, firme y amable: Siéntate en tu sitio. Mientras, el profesor/a irá dejando las cosas sobre su mesa, sin preocuparse demasiado por si es obedecido o no. No está de más hacer un aviso genera a que Todo el mundo esté en su sitio. Sin gritar demasiado, sin desgañitarse, utilizando el diafragma para proyectar la voz. Es simplemente un aviso, no una cuestión de autoridad personal, si la orden no se cumpliera, se trata de aplicar las consecuencias conocidas por todos y todas.

    Una vez que el docente ha conseguido abrir su ordenador y ya tiene delante el programa para pasar lista, se procede a decir el nombre y apellido de alumno por alumno. Muy rápidamente se irá formando un silencio, no hay que ponerse nervioso, lo único que hay que hacer es seguir pasando lista. Si algún alumno/a en ese delicado momento está molestando, hablando maleducadamente con el compañero/a o vemos que no ha ocupado su lugar en el pupitre, es un momento muy cómodo para poner una observación o una incidencia en el comportamiento, dado que no tendremos que andar abriendo el programa en mitad de la clase. Si se opta por esta opción, la decisión tiene que ser rápida y firme, sin miedo a las dudas, y siempre con cordialidad. Ciertamente, sería deseable que se produjera una situación así, para que el resto de la clase viera que las normas están claras.

    De hecho, es muy importante conocer cuáles son las normas y los procesos para gestionar el aula. Si el profesor conoce qué es lo que los alumnos pueden hacer y lo que no, se hace mucho más sencilla la gestión de la clase, porque se conocen las leyes que la rigen. Bien es cierto que cada docente hace una interpretación de las normas a su medida y que los alumnos poco a poco se van acostumbrando al estilo del profesor/a, pero debe haber unas líneas maestras que sean respetadas por toda la comunidad educativa. Por eso, lo que todos los docentes deberían exigir a su dirección es que las normas que rigen la clase sean compartidas de forma pública, para que en caso de existir algún conflicto sobre cómo se ha juzgado una medida, pueda consultarse que, por ejemplo, gritar de forma injustificada, es una falta de disciplina, que tiene su importancia y que ha sido aceptada por alumnos, profesores y padres. En caso de tener que poner una incidencia que implique comunicarse con la familia, esta comunicación debe hacerse con total educación y es recomendable acompañarla de una llamada telefónica, además de lo que se pueda escribir en el programa educativo para tal fin. Los alumnos temen más al teléfono que la falta en el ieduca.

    Una vez pasada la lista, la clase puede comenzar. Si se ha empezado con buen pie, terminará también de forma satisfactoria de forma muy probable. Ahora manos a la obra.

    3.2. El espacio teórico

    Hay muchas teorías educativas que abogan por darle la vuelta a la clase, hacer trabajos cooperativos, basar el aprendizaje en la solución de problemas, etc. Todas esas estrategias están muy bien, siempre que estén bien asentadas las bases que rigen el desarrollo de una clase normal, es decir, aquella en la que se avanza en la materia y el profesor/a espera poner una prueba o trabajo en el que se valore si se ha aprendido o no la materia que se ha impartido, no si el alumno/a es más o menos espabilado/a para ser simpático/as, amigo de sus amigos/as, agradable con el profesor/a, resiliente en la solución de un enigma o implicado/a en la participación sobre temas ajenos a lo que se imparte. No es que esas habilidades no sean importantes, en verdad son fundamentales, pero no componen el marco teórico del currículum de las materias, dado que hay docentes de lengua, matemáticas, ciencia, historia, música… y lo que la sociedad espera es que los niños/as aprendan sobre estos conceptos que la educación universal ha entendido como imprescindibles. En resumen, a un especialista le pagan para que enseñe lo que sabe.

    Partiendo de esta premisa, el momento más adecuado para desarrollar el marco teórico de la materia en cuestión es al principio, es decir, la explicación del profesor. Lo que los alumnos/as más valoran de un docente es que explique bien. Eso es una obligación que se debe proporcionar y toda la ciencia educativa debería abordar esta cuestión y este arte, dado que a veces se pierden en debates bizantinos ajenos al conocimiento y más de tipo sociológico o político. Si un profesor/a explica bien, ya tendrá casi todo el trabajo hecho. Para ello, el docente debe conocer su materia, debe estudiar su campo del saber, debe hacer sus deberes. No se está afirmando que el docente haya sabido su materia hace veinte o treinta años y no la haya actualizado, no es mejor profesional ni explica mejor el profesor/a que sabe mucho, sino el que se ha esforzado de forma reciente por entender lo que está explicando él mismo. Así, teniendo el proceso fresco, lo hará diáfano a los alumnos. Puede ser que el profesor/a ya sepa mucho de lo que explica y que los conocimientos que tiene sean muy superiores a lo que tiene que impartir en clase. Igualmente, el profesor tiene la obligación de formarse toda su vida profesional, y hacerlo de forma activa y muy concienzuda. El docente debe estar en la labor por aprender como lo están sus alumnos, así, podrá contagiarles el valor del esfuerzo, la satisfacción del trabajo bien hecho y la pasión por aprender. Aquel profesional que no quiera seguir aprendiendo, sería mejor que se dedicara a otra cosa. Además, no se puede exigir a los alumnos una disciplina y una motivación sino uno no trae la disciplina y la motivación de casa. Aquellos discursos quejosos que a veces se escuchan en la sala de profesores no solucionan el problema de la educación y, además, serían imposibles en el mundo privado. Como la educación, como la sanidad, como la justicia, son un bien público, razón de más para hacer estas labores con absoluto denuedo y responsabilidad. Así, los profesionales se ganarán la confianza de la sociedad, que ha depositado en su trabajo los valores más importantes de esta. Cuando el docente se ha esforzado por saber, los alumnos lo imitan.

    Pero la clase no debe ser teórica toda ella porque sería agotadora. El tiempo de la explicación no debería superar en ningún caso los veinte minutos. Tampoco deberíamos exigirles a los estudiantes de hoy en día una atención superior a ese tiempo sin saber que estarán haciendo un esfuerzo ímprobo por seguir el hilo. Una vez terminada la explicación, se puede pasar a la siguiente fase de la lección, y sirve para cambiar el chip.

    3.3. La hora de la práctica

    Toda lección debe tener un momento en que se ponga a prueba lo que se ha explicado. Puede ser con ejercicios, resolución de problemas, actividades varias, pero siempre relacionadas con lo que se ha explicado anteriormente. Para el diseño de esta parte de la sesión es muy importante tener en cuenta la capacidad de los estudiantes para relacionar el tema teórico con la práctica. De hecho, en la explicación, lo ideal es que el enseñante tenga muy presentes qué actividades va a pedir en la parte práctica, para así orientar todo su discurso explicativo de forma coherente y efectiva. Si se cumplen estas sencillas premisas, los alumnos ven que entienden lo que les han explicado, por muy difícil que les haya resultado al principio, y la cara de satisfacción que ponen nos se paga con dinero.

    Durante la resolución de las actividades se puede hablar. Los estudiantes necesitan comunicarse entre ellos para preguntarse dudas sobre los ejercicios, compartir puntos de vista, aportar cosas nuevas. Si se les deja, lo hacen de forma orgánica, sin necesidad de alterar el ritmo de la clase poniéndolos en grupos de cuatro o de cinco para hablar sobre un ejercicio muy poco productivo al fin y al cabo. Lo que les hace aprender es el día a día, el hecho de haber adquirido una dinámica, una fórmula, un método exitoso, variado, pero estable, para adquirir nuevas habilidades. Por lo tanto, el docente debe dejar que los alumnos intercambien opiniones y que el ambiente de la clase se distienda un poco.

    No obstante, el tiempo para la resolución de la práctica debe ser acotado, por ejemplo unos 10 o 15 minutos, como mucho, Al finalizar ese lapso el docente debe buscar la manera de ver si el trabajo se ha realizado y que el tiempo en clase ha sido aprovechado. Si es que sí, es bueno añadir puntos positivos y buena calificación diaria en la libreta de notas; esto motivará a los alumnos a hacerlo bien. Si es que no, será positivo igualmente fiscalizar esta falta de trabajo, reflejarla en los documentos de evaluación, para que el alumno, y quizás también los padres, sepan que su hijo/a no ha trabajado como debía. Hay días de todo y siempre hay que ser humano, por eso es importante ver el conjunto, el global del aprendizaje, y no basarlo todo en una o dos actividades estrella por muy bonitas que sean o por muy bien que quede la foto en las actuales redes sociales o en otros medios.

    3.4. El cierre

    Los últimos minutos, después de haber corregido u observado si se ha hecho el trabajo práctico, son ideales para el fomento de las relaciones humanas alumno/a-profesor/a. Si un chico/a lo está pasando mal, o bien, o regular, si han hecho una excursión, si están contentos o no con el ambiente de clase, si el tema les ha parecido interesante, si han aprendido algo, si recuerdan otra cosa que aprendieron en otro momento, en fin, si la faena se ha hecho bien, en el cierre se puede hacer casi cualquier cosa, siempre que sea desde el respeto a las normas anteriormente mencionadas. Hay que disfrutar de los momentos de distensión también porque hace que entre el enseñante y los aprendices se establezca un punto de unión y confianza que vaya más allá de la materia que se imparte.

    También es el momento ideal para ver un vídeo, leer un libro, realizar un debate distendido, etc. Un poco lo que vaya surgiendo. Se puede tener algo preparado, pero se debe dejar terreno a la improvisación porque esta también forma buena parte de la vida.

     3.5. Fin

    Siguiendo estas pautas no hay materia, por muy aburrida que sea, que se resista. No existe la fórmula mágica, ni para alumnos ni para profesores, y el que crea que hay atajos o trampas para llegar al mismo sitio se equivoca. Pero también se equivocan aquellos que piensan que el esfuerzo, la disciplina, el trabajo es aburrido, doloroso, pesado. Nada más lejos de la realidad, cualquiera que sea exitoso en su campo podrá decir lo mismo; y probablemente sea una persona muy feliz que transmite su alegría a los otros. Es así.

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    En esta entrega de artículos se irán desgranando algunos consejos y técnicas para la gestión de aula, dirigida a los muchos compañeros/as docentes que tengo y a cualquier persona curiosa que quiera reflexionar y ver por dentro cómo funciona la educación.

    Cada domingo se ofrecerá algún tema de debate a este respecto. Las opiniones en libertad de otros docentes o personas ajenas al ámbito de la educación serán bienvenidas. Muchas gracias por leer hasta aquí y si te has quedado con ganas de más te invito a seguir explorando este sitio. Cada domingo publico una historia nueva.

    Muchas gracias,

    R. R. B.

  • Rimas y leyendas de la “Nueva” Educación

    Rimas y leyendas de la “Nueva” Educación

    A raíz de la lectura de la obra La buena y la mala educación de la hispanista sueca Inger Enkvist, me ha surgido la necesidad de escribir sobre uno de los temas más acuciantes ahora y en el pasado de nuestra sociedad: el tan traído y llevado Sistema Educativo.

    Muchos son los mitos que a menudo se oyen sobre la educación en las conversaciones de café con los amigos, entre padres preocupados o entre los propios adolescentes, que son en última instancia los que padecen las consecuencias de lo que la sociedad llama Educación. Quizá algunos lectores esperarán una arenga melodramática estilo ese anuncio de una entidad bancaria que, a la fecha de publicado este textículo, puede verse en televisión. En él, una profesora aboga por lo que conoceremos como La Nueva Educación, es decir, desterrar la memorización, aprender a aprender, crear la creación y trabajar por proyectos donde todos son líderes, actores y, sobre todo, profesores.

    La hispanista sueca Inger Enkvist no deja títere pseudopedagógico con cabeza. Seguramente tendría mucho que decirle a esa profesora-ideal que suelta el rollo a un grupo de alumnos-actores los cuales, después de sonar el timbre, levantan la mano todos como diciendo: nos ha picado la cuca de la curiosidad y ya nunca más volveremos a ser ignorantes. La vileza de este mundo es tal que hasta una entidad bancaria, que como todas cobran a las familias de esos niños intereses abusivos en las hipotecas, disfraza su actividad con obras sociales y meten sus manos sucias de billetes en la Educación. No es de extrañar, me dice Enkvist, lo que quieren es ganar dinero a toda costa, como sea. Déjame que te cuente, insiste Inger, algunas de las mentiras de la “Nueva” Pedagogía.

    Primera falsedad: La Nueva Pedagogía es “nueva”. El ideal de que los alumnos deben aprender a expresar sus sentimientos y que la escuela debe ser un vehículo que saque a relucir lo que se lleva dentro, como si de una secta múltiple se tratara, no es un proyecto nacido en el siglo XXI. Desde los años 70, situando su punto de partida en 1968, se aboga por este modelo de sociedad en la que todos seremos eternos niños y niñas saltando al corro cogidos de las manos. El sueño de unos hippis-siniestros a quienes rescató de su sueño papá, dejando a los hippis-obreros en la estacada. Los jóvenes de entonces son los viejos de ahora que nos hacen tragar su anticuada modernidad, con ese tono de suficiencia del que sólo se ha preocupado por gastarse la herencia legada por las generaciones anteriores. A esos, lo único que les preocupa, es que nadie los quite de donde están. Por eso el mérito, el trabajo, el esfuerzo, no les interesa: no son ellos.

    Segunda: La competitividad es negativa: absolutamente falso. España tiene actualmente de las mejores ligas de futbol del mundo para ser un país que no llega a los 50 millones de habitantes. En el patio de todos los colegios, está clarísimo quiénes son los hábiles con el balón y quiénes no. Así mismo hay centenares de clubes donde los chavales entrenan y los más malos chupan banquillo el sábado por la mañana en el partido. Nadie se muere. ¿Por qué no sucede lo mismo en la Educación? Los países hispanohablantes vamos a la cola en todas las listas internacionales: donde menos se lee, donde menos se estudia, donde hay más paro, donde progresan más los más mediocres; eso sí, no se compite en Educación, no vaya a ser que alguien se pudiera llegar a sentir inferior. Lo que ocurre es que con una buena Educación tendremos buenos médicos, jueces, profesores… con un buen sistema futbolístico seguiremos teniendo al Real Madrid. No son antagónicos, traslademos lo que sabemos de los deportes al intelecto.

    Tercera: Los resultados de los alumnos dependen de la capacidad del profesor para motivarlos. Situar el sentido de la vida de los niños y adolescentes en manos de un profesional, para el que la sociedad no guarda ningún tipo de respeto, es una de las decisiones más irresponsables que se pueden tomar. El garante del éxito educativo es el propio alumno, en primer lugar, y sus padres o familia, en segundo lugar. Quien tiene las riendas de su vida es cada persona particular. Luego, la motivación y las ganas de trabajar, y de ser feliz, las tiene que traer cada uno de casa: el profesor y los alumnos. A la escuela se va a aprender lo que sabe el maestro en primer lugar, y el saber se debe respetar. Los gustos particulares son tantos y tan dispares que nunca se podrán satisfacer del todo, excepto quizá el gusto por no hacer nada de provecho, que luego trae depresión, abulia y tristeza crónica. El ser humano necesita sacrificio para ser feliz. Por eso existen las religiones, los veganos, los genios, las empresas y el sistema educativo.

    Cuarto: El método tradicional socaba la creatividad de los alumnos. Este es uno de los puntos más importantes y con el que más estoy de acuerdo con Enkvist. Para ser creativo escribiendo, primero hay que saber escribir; para ser un gran dibujante, primero hay que saber dibujar. Si el aprendizaje no supone un reto: no se está aprendiendo. Le pueden decir alguien que libere su creatividad en un folio en blanco, y quizás tenga muchas ideas en su cabeza, pero incluso sabiendo mucho, cualquiera que haya perdido mínimamente el tiempo en una actividad creativa sabrá lo siguiente: es extremadamente difícil ajustar las ideas que tenemos en la cabeza a la realidad, ya sea en un texto o un lienzo. Para hacerlo con un mínimo de garantías, se necesitan horas de sistematización, de repetición, de técnica. Si el reto es demasiado difícil, se pierde interés. El profesor debería saber ajustar muy bien la lección a la capacidad de su alumno para que le supusiera un reto posible y una mejora palpable, tras un trabajo paciente. Pero para pasar de ser un cateto a ser un genio hace falta mucho más que el deseo. La prueba de que el llamado método tradicional postindustrial ha generado grandes creativos está en la Historia de la humanidad. Ahora tenemos muchos youtubers creadores de contenido que critican la poca educación que recibieron, la cual consideran insuficiente por ser poco creativa y divertida. No, Jordi Wild, tus palabras son pobres porque tu formación es pobre, y si tienes público es porque tienes talento y muy poco nivel en la audiencia.

    Quinta: En los países más avanzados en educación se aprende por proyectos. Los que mejores resultados consiguen en la clasificación internacional son los asiáticos: China. En Europa, a Finlandia e Irlanda no les va mal en el último informe PISA 2018 que mide el rendimiento académico de los alumnos, sobre todo en lectura ese año. No habrán cambiado mucho las cosas para los países hispanohablantes. Entre los veinte primeros puestos, sin contar las regiones chinas, no hay ninguno. La tierras que han parido a Cervantes, Garcilaso, Cortázar, César Vallejo y tantísimos otros no aparecen de los primeros en el ranquin en una edición de lectura, cuando lo más valioso que ha exportado Iberoamérica al mundo han sido sus escritores y su filosofía. Es tan poco el respeto que nos tenemos a nosotros mismos que menos mal que está Portugal. Llevamos muchos años educando por proyectos: ahí están los resultados para cualquiera que quiera verlos. Es humano equivocarse y es de sabios rectificar, pero las nuevas leyes educativas van en dirección contraria, huyendo hacia delante porque no queda otra salida. Tiene mal color el futuro de la educación en España e Hispanoamérica si no se produce pronto un cambio de rumbo. Y ya no es tan cierto que los alumnos chinos y asiáticos están más estresados y se suicidan más, cuando vemos crecer en nuestros países las tasas de suicidio entre adolescentes y la educación no mejora. Algo estamos haciendo mal y a la sociedad no parece importarle, porque ignora que lo pagará caro.

    Hay Sexta y Séptima y Octava… pero el texto se iría aún más de las manos y no es esa la intención de este pobrecito escribidor, metido a tiempo completo a pobrecito profesor de educación secundaria. Debo decir, en primera persona, que a pesar del tono severo, soy al cabo optimista y creo en el poder transformador de las futuras generaciones. Cuando pasen diez años y terminen de desaparecer los adalides de la posmodernidad del 68 será una buena oportunidad para vivir en tiempos más sensatos y justos. Las nuevas generaciones serán mucho mejores que las anteriores porque lo tienen mucho más difícil que sus predecesores, los cuales han vivido, como sociedad en conjunto, en los mundos de yupi. Bien por ellos, ahora toca recoger los vasos y limpiar la casa que llamamos Occidente y que ha sido durante mucho tiempo, gracias a su tradicional y hoy denostado sistema educativo, espejo de las sociedades del mundo. La verdad siempre sale a flote.

    Volverán las oscuras golondrinas
    a la educación sus nidos a colgar,
    pero esos proyectos asquerosos,
    organizando la nada al educar,
    paridos por ignorantes insidiosos…
    ¡esos no volverán!