
La gente son mosquitos. No puedes luchar contra todo lo que te rodea. Un hombre se define por sus zapatos. Y punto.
No hay más, y si lo hay, a nadie le importa, a mí no me interesa ahora mismo. Estas tres mentiras han marcado mi vida de una forma más o menos profunda, nunca me las he creído, y sin embargo aquí están, en mi cabeza, en mis textos. Pienso que si las escribo, si reflexiono sobre ellas a través de la acción mágica y balsámica que es escribir, pueda quemarlas como a un papel con el mechero y mandarlas a freír espárragos (o a tomar por culo, como se quiera).
La primera frase no es la más antigua, pero sí la más mentirosa, y a la vez la que más razón tiene. Hace ya varios años, pretendía escribir para el proyecto literario que un lumbreras pretendía llevar a cabo, aquello iba a ser un éxito. Entre sus contactos de Facebook seleccionaba a participantes con los que rellenar la que iba a ser una revista literaria por Internet, o algo por el estilo. La idea me entusiasmaba, escribí unos cuantos folios demostrándole al tipo en cuestión mis habilidades con las palabras, mis malabares, mis requiebros, mis ilusiones por formar parte de aquel proyecto prometedor. Nada: rechazo. El texto era muy largo, la gente son mosquitos. Al parecer, a nadie le gusta leer demasiado por la red de redes, “lo bueno, si breve…” y toda esa mierda, la ley del mínimo esfuerzo cuando leer es un placer. En fin, que no salió. Otra vez será. Valga decir que aquello no llegó a ninguna parte y que la revista en cuestión no interesó a nadie, los artículos que pude leer eran breves, sí, y además malos. Ahora aquel tipo toca la guitarra en Amsterdam y dice que los porros son buenos. Dicen sus amigos que lo hace muy bien, benditos amigos.
Con unas pocas líneas, el lector precoz ya habrá adivinado mi carácter. Yo hablo claro, al pan pan y al vino vino, si no te gusta te aguantas, mira otra cosa, pélatela pensando en una ex. Luego vuelve a mí para que yo te explique, te ilustre, te contradiga, me contradiga, les contradiga, etc. Pero la vida es bella y con la misma crudeza con la que me expreso, sinceramente, créeme cuando te digo que lo es, porque yo nunca miento y así me va. Muy leído, nada reconocido. Después de escribir una buena novela, al final no me ha quedado más remedio que abrir un blog para que me lea otra gente que no sean mis amigos, para que me disfruten los anónimos y me sufran los hijos de puta. Como ves, mi filosofía no es el nihilismo, ni el escepticismo, ni cualquier corriente pútrida de pensamiento que se base en eso de “todo es relativo, todos tienen razón, todo no vale nada…” en fin, toda esa basura verbal para quedar como un listo sin tener idea de algo. Muchas veces me han advertido de que con esta actitud no voy a llegar lejos, yo pensaba que lo que tenía que llevarme a algún sitio era mi talento y no mi simpatía, pero resulta que no, que no puedes luchar contra todo lo que te rodea, aunque lo que te rodea no te guste, te callas y dices que te parece bien. 🙂

¡Bah! Para acabar este primer post, una anécdota divertida. Estaba un día de fiesta, después del trabajo, porque además de escritor de novelas y estudiante modélico lumpen, trabajo de camarero los veranos para ganarme el sustento, pero sobre todo para pagar la Universitat. En fin, yo estaba con mi whisky con soda, intentando ligar con una treintañera, con su buen par de eso, con un culo un poco así, pero bueno, que estaba buena. Y en medio de mi verborrea, la cual es la mejor de mis armas de seducción, si es que tengo alguna más aparte de esta, viene un tipo musculoso, arreglado, italiano, oliendo a colonia, que no quería nada con aquella chica, pero que hacía pocos minutos su novia me había abrazado diciéndole, con toda la inocencia de una cría, que yo era muy buen chaval. El caso es que el hombre, ronda o pasa de los cuarenta pero hay que verlo, es un experto macho alfa, y me llevo bastante mal con ese tipo de gente porque nunca me pongo a la altura de lo que esperan de los demás, es decir, que estén por debajo. Tampoco busco camorra pero creo que lo ven en mi manera de mirar o en mi forma de plantarles cara cuando dicen alguna chorrada, en fin, que me cogió manía. Y se acercó a donde yo estaba y con una pose de chuloputas nos dice, a la chica y a mí, un hombre se define por sus zapatos. Yo acababa de salir del trabajo, me había puesto cuatro prendas, había ido a tomarme una copa antes de ir a dormir y volver al día siguiente, en fin, que iba destroyer. La chica me mira los zapatos, sucios. En esas, el fortachón añade: y por su coche. Debo admitir que esa me dolió, mi coche es una mierda y además fumo dentro, así que ya te puedes imaginar. La chica también fumaba pero argumentó que le daba asco la gente que lo hacía dentro del coche, precisamente el sitio donde yo esperaba llevarla a dar una vuelta, dado que vivo con mis padres. Entonces me tocó contestar, podía haberles dado la razón y quizá hubiera podido seguir negociando con la chica, pero bueno, uno es como es. Resulta que les dije algo así como: pues yo fumo en el coche, tengo los zapatos sucios, pero tengo el corazón limpio. No se me ocurrió nada mejor, pero en ese momento me valía para expresar lo que sentía. La rumana o moldava, que era amiga del italiano, dijo que le daba igual, que le daba asco la gente así, la gente como yo, interpreté. Humillado, pero con la cabeza bien alta, no dije nada y volví hacia donde estaban mis amigos del curro, que miraban la escena un poco más allá. Esto fue este verano. Volví a cruzarme con la chica varias veces pero ya no la saludaba, un día iba con la que ahora es mi novia, paseando, pasamos por delante de aquel bar, la rusa o eslovaca estaba en la terraza fumando, no la saludé como hacía normalmente. El último día de la temporada, estaba despidiéndome de todos mis compañeros y deseándoles un feliz invierno, les abrazaba y saltábamos de alegría, le choqué la mano al italiano y cuando fui a darle dos besos a la treintañera, a pesar de todo, me correspondió con un beso en los labios. Nunca la llamé, no voy a hacerlo, como decía Dylan, my boots are dirt but my hands are clean, esa frase la aprendí después de esta historia y se me tatuó en la memoria, ¿a que es buena?
En fin, querido desconocido, que me he alargado y al final, pretendiendo ser breve, ya llevo un folio y medio de word. Espero que me disculpes, quería contarte bien este cuento, que tiene su moraleja o su mensaje, como quieras verlo, y si no lo has visto no te preocupes, porque tu cerebro es más listo que tú y él sí me habrá entendido. Además, si has llegado hasta aquí, me alegro mucho, de esta manera te pones de mi parte, le demuestras al mundo que eso de que la gente son mosquitos es una mentira más de entre las muchas que nos cuentan y que iremos destrozando, tú y yo, línea a línea, sin que nos paguen un duro, pero pasándolo de puta madre.
Comenta y cuéntame tus paranoias, no estás solo en este puto mundo.
Me llamo Ricardo pero desde ahora mismo soy:
El Pobrecito Escribidor
Nota de la remasterización (noviembre de 2026)
Este fue el primer texto que publiqué en el blog, en noviembre de 2015. Lo he repasado para limpiar erratas y puntuación, pero he dejado el tono tal cual: el de alguien que acababa de abrir una ventana a la calle y no sabía todavía qué iba a decir por ella. Releerlo once años después me hace sonreír, y me hace querer corregirme un poco el carácter, aunque no la voz.
Lo más curioso es que la primera de las tres «mentiras», la de que a la gente no le gusta leer largo en la red, sigue sin convencerme. Este blog ha ido creciendo precisamente con textos que piden un rato de calma, y he acabado escribiendo una novela entera. Si eres de los que sí leen despacio, puedes conocer Un corazón donde vivir, mi primera novela, dividida en cinco ciudades.
Y si prefieres empezar con una muestra, tienes un capítulo de regalo en PDF, con el comienzo de la primera ciudad. Gracias por seguir aquí, línea a línea.
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