Late esperanza dentro de mí. Después de limpiar mi casa, mi alma, todo parece nuevo. Fluye una energía pura y suave, como la luz entre la fuente. No seré el mejor del mundo y no me importa. Debo sobrevivir unos meses hasta que pase la tormenta. Puedo escribir poemas en prosa esta noche, escribir por ejemplo: la noche está estrellada y a fuera titilan verdes los astros a lo mejor. Con comas y con apenas puntos suspensivos. Dejo volar mi imaginación y mi corazón habla sin que mi mente pueda pararlo o quiera intervenir. Siento paz dentro de mí. Como en el ojo del huracán, escribe la mente, como la paz perfecta, escribe mi corazón. Me siento bien y estoy tranquilo. Quiero exprimir este momento al máximo, donde soy yo mismo porque no soy yo. No hay dolor que me apuñale ahora. Estoy en paz contigo y conmigo. El no es un sí más largo. El invierno es una entelequia. Me gustan algunas palabras: entelequia, quimera, sueño, pareidolia, etcétera. El verbo es mágico, en el principio lo hubo, dice el clásico. Esperar es una palabra que deriva en esperanza, y en desesperar. Esperar es duro. Pero veo sueños cumplidos en este instante del tiempo. Me veo consiguiéndolo todo mañana, escribe la mente, y el corazón espera.

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