Dejar de fumar sin hipnosis (10 pasos)

Aprecioado lector/a: Si me conocieras, te soprendería mucho saber que llevo muchos meses sin fumar; y que no pienso volver a fumar nunca. Las razón de mi decisión no responde a una enfermedad o malestar físico grave, más allá de la preocupación por la salud que todos los fumadores tienen. Si quieres dejar de fumar, este es tu artículo. Mi intención es dar algunos consejos que me hubieran gustado leer cuando he intentado dejarlo en el pasado. Quizá esta información pueda ayudar a alguien que se lo esté pensando y no sepa por dónde empezar. Y te garantizo una cosa: si yo he podido, tú también.

1. Lee el libro de Allen Carr Dejar de fumar es fácil si sabes cómo

Libro de Allen Carr, Es fácil dejar de fumar, si sabes cómo

Una vez fui a comer con un amigo. Del modo más absurdo y sin venir a cuento, me regaló un libro que había encontrado en algún rastro de segunda mano: Dejar de fumar es fácil si sabes cómo. Lo miré extrañado y la verdad es que me tocó las narices ese «regalo». Supongo que esa era la intención, reírse un poco de mí, porque yo era un fumador empedernido. A pesar de todo, suelo tener mucho respeto por los libros, incluso por los que no me interesan en absoluto, y lo guardé. El caso es que andando el tiempo lo he vuelto a leer y con pocas obras literarias me he sentido tan identificado como con este folletín verde pistacho. Básicamente enseña dos cosas: que fumar no mola y que se puede disfrutar de dejarlo.

¡Y todo empezó con una broma!

2. Ponte en manos de los profesionales

Blister de pastillas Chamipix para un champion como tú

Cuando te planteas dejar el vicio es porque llevas un tiempo asqueado. Así era mi caso, pero no me veía con fuerzas. Necesitaba un plan externo que me ayudara a saber que estaba dejándolo. Como el que puede estudiar un idioma por su cuenta y riesgo o puede apuntarse a una academia y disponer de la ayuda del profesor; en su día escogí la segunda opción para aprender inglés y me ha dado buenos resultados. Así que apliqué el mismo sistema y pedí cita con el médico. Te hacen un test para saber en qué escala de fumador te encuentras. No mentí, tampoco me quedé corto en las respuestas tipo cuántos cigarrillos fumas al día, porque me daba lo mismo, yo estaba convencido de que quería dejar de fumar. Los fumadores suelen sentir vergüenza por cuánto fuman, pero cuanta más vergüenza más orgullo. Yo estaba en una escala alta: cigarrillo de oro o de platino. Me recetaron las pastillas Champix de Pfizer en vistas de mi tabaquismo profesional.

3. Escoge el momento oportuno

Fotogafía del desembarco de Normandía, también conocido como Día D

Para mí fue después de las oposiciones. No puedes abordar una empresa de este tipo si no te ves con suficiente energía mental para llevarla a cabo. Pasé muchas horas obligado a estar en una silla sin poder moverme porque tenía que estudiar. Estaba claro que ese no era el momento.

A veces vas a tener la necesidad de levantarte y dar una vuelta: debes disponer del tiempo, de las ganas y del valor suficiente para enfrentar el mono cuando se te presente. Habrá acciones que te parezcan imposibles sin el cigarrillo en la mano. Para mí una de esas acciones la de escribir: se me hacía imposible sentarme delante del ordenador a soltarte el rollo sin un cigarrillo enciendido, guarreando las teclas con la ceniza. Lo mismo me pasaba con la lectura, que me encanta. Ir haciendo, poco a poco, chino-chano.

4. Tira todo el tabaco que tengas en casa

Este paso es muy importante. En otros blogs y artículos he leído casos de gente que se ha guardado el último paquete y cosas por el estilo. A mí eso no me funcionó en su día y fue el principal motivo por el que recaí. Tenía el tabaco guardado en un armario de la cocina. Un día me estresé y me fumé un cigarrillo, y luego otro. Si no lo hubiera tenido, no digo que no hubiera recaído, pero seguro que ese día no habría fumado. Cuando lo dejas, no te hace falta tener tabaco en casa. Regálaselo a un ser querido o tíralos a la basura. Así, si quieres fumar, tendrás que ir a comprar y a lo mejor en el trayecto te lo piensas dos veces.

En un viaje en coche de vacaciones, me entraron muchísimas ganas de fumar. Era un trayecto largo y yo tenía la costumbre de fumar mientras conducía. Aquella sed de nicotina me pilló completamente desprevenido: habían pasado cuatro o cinco meses desde que lo dejé. Recuerdo que paramos en un área de servicio y mientras mi chica estaba en el lavabo yo estaba delante de la máquina de tabaco mirando el cartelito de Lucky Strike (‘golpe de suerte’ en inglés). Tenía cinco euros en el bolsillo, solo necesitaba una mirada de la dependienta para que actibara la maquina: esta mirada no se produjo. No fue más de un minuto, pero lo pasé muy mal. Salí a la calle, me dio el aire, vino mi chica y continuamos el camino. Durante aquella semana de vacaciones, debo reconocer que tuve otras embestidas del mono, pero ninguna tan fuerte como aquella primera. Era verano y me iba mojando la cabeza en todas las fuentes que encontraba. Al final no recaí por un golpe de suerte. Y menos mal que no tenía tabaco.

Recuerda: si no te ves con el valor para tirar el tabaco a la basura, no te tortures: aún no es tu momento.

5. Bájate la app Flamy

App Flamy, muy recomendable para motivarse

Una de las cosas que más motiva a medida que vas dejando el vicio es ver tu progresión en el tiempo. Esta app hace que te lo tomes como un juego donde vas desbloqueando niveles y logros. Motiva mucho y ayuda a seguir en la brecha. Tampoco hay que obsesionarse con el minuto a minuto, aunque en los momentos duros la app ayuda a echar la vista atrás y ver el camino recorrido. Puedes ver los cigarros que no has fumado, el dinero que has ahorrado… parece un cliché, pero funciona muy bien. No recomiendo pagar, las ventajas son mínimas. Otra app interesante es la del ministerio de sanidad Stop Tabaco: va bien porque te hace el test y te coloca la fecha límite para dejar de fumar. Lo mejor es combinar las dos. Primero Stop Tabaco hasta el día D y luego Flamy para motivarse durante el desquite.

A día de hoy aún tengo la app activada y sigo entrando de vez en cuando. Al principio entraba casi cada hora, actualmente lo hago cuando me acuerdo. Al cabo de un año los logros son más a largo plazo.

6. No dejes de hacer tu vida

La primera vez que dejé de fumar me aparté de los fumadores, es decir, de casi todos mis amigos y de mucha gente con la que me llevaba bien. Esto de apartarse de las personas que aún fuman suele ser un consejo muy habitual, pero no es muy efectivo. Uno se puede sentir aislado y, al final, vuelves a fumar solo para recuperar tu vida. Puedes seguir viendo a tu gente y no fumar mientras ellos echan humo. De todas formas, al principio, hay que evitar los interiores donde se fuma. Una de las pocas ventajas de la sociedad en la que vivimos es que el humo está cada vez más perseguido. La sensación de que otro fume y tú no es extraña, pero te acostumbras y al cabo de un rato se te olvida completamente.

Otra de las cosas curiosas es que te vas apartando de los planes de los fumadores cuando no te interesan. Imagina un día de viento y frío y estás en el trabajo y tienes que salir a fumar. Al final no te das ni cuenta y te sientes un poco afortunado. Ves a tus compañeros fumadores incómodos por tener que administrarse su dosis de nicotina, y tú tan campante. No es que te alegres, pero sienta muy bien.

Cuando alguien me pregunta con un cigarro en la mano cómo llevo lo de no fumar, digo que soy fumador pero que no ejerzo. He pasado buena parte de mi vida fumando y eso ha configurado mi manera de ver muchos aspectos. No me arrepiento de quién soy, por lo tanto no me arrepiento de haber fumado. Por ejemplo, me gustan las cenas con los amigos, tomar unas copas en tertulias filosóficas sin término: eso no tiene por qué cambiar, de hecho, no ha cambiado en absoluto.

7. Haz planes donde el tabaco sea incómodo

Una excursión en kayak es una gran idea

Puede gustarte vivir a lo grande: amar, beber, comer, fumar a lo grande. Parece que se asocia este estilo de vida con el hecho de fumar, pero se puede vivir igual sin tener que estar matándose tanto. Ocurre que te da por comer y dejar de fumar engorda. Una buena manera de combatir esos quilos de más (si fuera necesario, ya quizás te sienta bien engordar porque estés raquítico de tanto darle al veneno) es hacer ejercicio. Tus planes pueden ser: jugar al pádel, salir a correr, planear excursiones de todo el día… La cosa es generar recuerdos nuevos y positivos sin tabaco.

Esto de engordar es el mayor enemigo que tienen los fumadores y merecería un artículo aparte. El fumador combate la ansiedad aspirando del cigarrillo. De hecho, después de comer, lo primero que hace es encenderse un cigarro para sentirse saciado. Cuando se deja el tabaco hay que acostumbrarse y se combate la ansiedad comiendo. Cogí muchos quilos, diez para ser exactos. Llegó un punto que la situación era insostenible y verme tan gordo es una de las razones que me hacía añorar el hábito. Me dije: Tienes que aguantar unos meses, si necesitas comer, come. Cuando tengas el mono más controlado (al cabo de seis o siete meses) es cuando te puedes plantear empezar a perder peso. De hecho, comer bien y sano ayuda a dejar atrás el vicio. El hábito del deporte también ayuda mucho ahora me parece asqueroso salir a correr o al gimnasio y tener que fumarme un cigarro luego.

Puestos en la balanza de la salud, es mejor engordar diez quilos a estar seis meses fumando.

8. El mono no se acumula

En ocasiones te asalta el mono (o el carving), es decir, el deseo incontrolable de fumar. Una de las cosas que más cuesta es aceptar eso que dicen los exfumadores veteranos: «nunca dejas de desear el cigarrillo». Bueno, eso puede ser verdad y se hace duro aguantar el tirón durante los primeros meses; sobre todo si piensas que al cabo de tres años desearás fumar. Pero la persona que más desea fumar es la que fuma habitualmente. Piensa en cuando estás en el cine viendo una buena película y deseas que se termine para salir y calmar el mono. Bien, eso no sucede cuando lo dejas: puedes desear fumar un cigarrillo, pero quien más lo desea es la persona que se ha fumado uno hace un rato. Por tanto, si caes, aunque solo sea una vez, al cabo de media hora la molestia será mucho más fuerte y punzante.

9. Recuerda las ventajas de no fumar

No está de más hacerse una lista antes de dejarlo donde te extiendas en los motivos para dejarlo. Lo más duro del proceso de desintoxicación es que la droga siempre es más lista que tú. Los argumentos que te darás a ti mismo para volver a fumar serán los más convincientes del mundo, porque será una parte de ti la que te los diga. Si te gusta, por ejemplo, la música rock, esa parte de ti te dirá que para disfrutar de ella necesitas llenarte los pulmones de humo. En esos momentos de zozobra, se hace necesario recurrir a la lista de razones por las que dejaste el vicio. Cada persona tiene sus motivos y son muy personales. Por ejemplo, sucede que un problema que no tenía solución mejora, o se soluciona, cuando dejas de fumar. Como Ulises, hay que atarse al mástil de las cosas buenas de no fumar, para ello debes prepararte antes de escuchar el canto de las sirenas. Tu lista de aspectos negativos del tabaco será la cuerda.

10. Fumar no mola

Hay muchas fotos del tipo en blanco y negro donde se ve a James Dean con un cigarro en la boca. Por suerte o por desgracia, pasaron los tiempos del chico/a Malboro. Hoy fumar es un acto asqueroso incluso para los que lo hacen. En aquella época, tener los dientes negros era lo más habitual del mundo: hoy en día tienes que gastarte un dineral en el dentista. Si no estás dispuesto a ir por el mundo con los dientes como una bolsa de pipas, entonces no estás dispuesto a fumar. Los únicos que pueden permitirse esta imagen son las personas menores de treinta años. A partir de esa edad, fumar es ridículo. Piensa en las fotos que tienes en redes sociales, ¿en cuántas has salido bien con un cigarro?

Otro de los experiencias que odiaba de fumar era el hecho de sentirme inferior a cualquiera que no fumara. Sé que es estúpido, de hecho, lo sé bien ahora que no fumo; pero entonces no me lo terminaba de creer y cualquier imbécil podía darme lecciones sobre lo malo que es fumar. Además, me da terror volver al vicio y sentir de nuevo la necesidad de esconderme en un rincón para echar humo.

Acabas ganando mucha seguridad en ti mismo: si eres capaz de no fumar, eres capaz de cualquier cosa.

Hasta aquí mis diez consejos para dejar de fumar sin hipnosis. Esperoayudar a alguien que lo necesite. A veces, un anónimo en internet, puede salvarte de un apuro.

Si crees que te ha servido a ti o le puede servir a alguien, no dudes en compartir el enlace.

Comentarios

Una respuesta a «Dejar de fumar sin hipnosis (10 pasos)»

  1. […] del autor: Esta entrada es una actualización de otra más antigua Dejar de fumar sin hipnosis (10 pasos) que publiqué hace dos años. Curiosamente, fue el pistoletazo de salida para esta página, que […]

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