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  • Cómo dejar el tabaco (10 pasos)

    Cómo dejar el tabaco (10 pasos)

    Nota del autor: Esta entrada es una actualización de otra más antigua Dejar de fumar sin hipnosis (10 pasos) que publiqué hace dos años. Curiosamente, fue el pistoletazo de salida para esta página, que nada tiene que ver con la autoayuda sino con la literatura.

    Apreciado lector/a: Si me conocieras, te sorprendería mucho saber que llevo muchos meses sin fumar; y que no pienso volver a fumar nunca. Mi decisión no responde a una enfermedad o malestar físico grave, más allá de la preocupación por la salud que todos los fumadores tienen.

    Si quieres dejar de fumar, este es tu artículo. Mi intención es dar algunos consejos que me hubieran gustado leer cuando he intentado dejarlo en el pasado. Quizá esta información pueda ayudar a alguien que se lo esté pensando y no sepa por dónde empezar. Y te garantizo una cosa, aunque tópica, cierta: si yo he podido, tú también.

    1. Lee el libro de Allen Carr Dejar de fumar es fácil si sabes cómo

    Una vez fui a comer con un amigo. Del modo más absurdo y sin venir a cuento, me regaló un libro que había encontrado en algún rastro de segunda mano: Dejar de fumar es fácil si sabes cómo. Lo miré extrañado y la verdad es que me tocó las narices ese «regalo». Supongo que esa era la intención, reírse un poco de mí, porque yo era un fumador empedernido. A pesar de todo, suelo tener mucho respeto por los libros, incluso por los que no me interesan en absoluto, y lo guardé. El caso es que andando el tiempo lo he vuelto a leer y con pocas obras literarias me he sentido tan identificado como con este folletín verde pistacho. Básicamente enseña dos cosas: que fumar no mola y que se puede disfrutar de dejarlo.

    ¡Y todo empezó con una broma!

    Actualización: El libro de Allen Carr es una obra de autoayuda y su recuerdo me hace respetar a todo ese género literario. A mí me ayudó en un momento crítico y hay que ser agradecido, a pesar de los prejuicios. El libro es claro y va directo al grano.

    2. Ponte en manos de los profesionales

    Cuando te planteas dejar el vicio es porque llevas un tiempo asqueado. Así era mi caso, pero no me veía con fuerzas. Necesitaba un plan externo que me ayudara a saber que estaba dejándolo. Como el que puede estudiar un idioma por su cuenta y riesgo o puede apuntarse a una academia y disponer de la ayuda del profesor; en su día escogí la segunda opción para aprender inglés y me ha dado buenos resultados. Así que apliqué el mismo sistema y pedí cita con el médico. Te hacen un test para saber en qué escala de fumador te encuentras. No mentí, tampoco me quedé corto en las respuestas tipo cuántos cigarrillos fumas al día, porque me daba lo mismo, yo estaba convencido de que quería dejar de fumar. Los fumadores suelen sentir vergüenza por cuánto fuman, pero cuanta más vergüenza, más orgullo. Yo estaba en una escala alta: cigarrillo de oro o de platino. Me recetaron las pastillas Champix de Pfizer en vistas de mi tabaquismo profesional.

    Actualización: No llegué a terminar las pastillas y aún guardo la caja. El tratamiento llega hasta unos 30 ó 60 días, que en términos de abstinencia no es nada. Se tarda, aproximadamente, un año en olvidar el tabaco y no existen los remedios mágicos para que el mono no aparezca. Por ejemplo. Un día, habían pasado cinco meses desde que lo dejé y estaba conduciendo un viaje largo. Me vinieron unas ganas tremendas de fumar y me deprimí, porque llevaba luchando mucho tiempo y veía que no mejoraba. En la próxima área de servicio, mi mujer fue el baño y yo me situé delante de la máquina de tabaco con un billete de 5 euros en la mano. Pero esta necesitaba activación, tampoco llevaba mechero, tendría o que comprar uno o que andar pidiendo fuego. Me dio tanta angustia verme otra vez en esas tesituras que decidí guardar el billete en la cartera. Mi chica salió del baño y salimos juntos al aire fresco de la calle. Supongo que tuve suerte.

    3. Escoge el momento oportuno

    Para mí fue después de las oposiciones. No puedes abordar una empresa de este tipo si no te ves con suficiente energía mental para llevarla a cabo. Pasé muchas horas obligado a estar en una silla sin poder moverme porque tenía que estudiar. Estaba claro que ese no era el momento. A veces vas a tener la necesidad de levantarte y dar una vuelta: debes disponer del tiempo, de las ganas y del valor suficiente para enfrentar el mono cuando se te presente. Habrá acciones que te parezcan imposibles sin el cigarrillo en la mano. Para mí una de esas acciones la de escribir: se me hacía imposible sentarme delante del ordenador a soltarte el rollo sin un cigarrillo encendido, guarreando las teclas con la ceniza. Lo mismo me pasaba con la lectura, que me encanta. Ves haciendo.

    Actualización: Muchos de mis amigos son fumadores y, hasta la fecha, han seguido fumando. Mucha gente con la que me relaciono fuma y no por ello he dejado de disfrutar de su compañía. Aunque el ritual de encender sendos cigarrillos en una reunión parece inexcusable, se olvida en menos de diez segundos y la conversación continúa. Afortunadamente, he seguido escribiendo, incluso más que cuando fumaba. Prueba de ello son las casi cien entradas que actualmente hay en esta página; cuando escribí este artículo, había apenas tres. La inspiración que da el humo es un lugar común vintage.

    4. Tira todo el tabaco que tengas en casa

    Este paso es muy importante. En otros blogs y artículos he leído casos de gente que se ha guardado el último paquete y cosas por el estilo. A mí eso no me funcionó en su día y fue el principal motivo por el que recaí. Tenía el tabaco guardado en un armario de la cocina. Un día me estresé y me fumé un cigarrillo, y luego otro. Si no lo hubiera tenido, no digo que no hubiera recaído, pero seguro que ese día no habría fumado. Cuando lo dejas, no te hace falta tener tabaco en casa. Regálaselo a un ser querido o tíralos a la basura. Así, si quieres fumar, tendrás que ir a comprar y a lo mejor en el trayecto te lo piensas dos veces.

    Recuerda: si no te ves con el valor para tirar el tabaco a la basura, no te tortures: aún no es tu momento.

    Actualización: Si bien me deshice de todo el tabaco que tenía en casa y regalé la pitillera de cuero que usaba, guardo recuerdos de cuando fumaba. Tengo dos ceniceros y un mechero, uno de los ceniceros pertenecía a mi abuelo y le tengo muchísimo cariño.

    5. Bájate la app Flamy

    Una de las cosas que más motiva a medida que vas dejando el vicio es ver tu progresión en el tiempo. Esta app hace que te lo tomes como un juego donde vas desbloqueando niveles y logros. Motiva mucho y ayuda a seguir en la brecha. Tampoco hay que obsesionarse con el minuto a minuto, aunque en los momentos duros la app ayuda a echar la vista atrás y ver el camino recorrido. Puedes ver los cigarros que no has fumado, el dinero que has ahorrado… parece un cliché, pero funciona muy bien. No recomiendo pagar, las ventajas son mínimas. Otra app interesante es la del ministerio de sanidad Stop Tabaco: va bien porque te hace el test y te coloca la fecha límite para dejar de fumar. Lo mejor es combinar las dos. Primero Stop Tabaco hasta el día D y luego Flamy para motivarse durante la desintoxicación.

    A día de hoy aún tengo la app activada y sigo entrando de vez en cuando. Al principio entraba casi cada hora, actualmente lo hago cuando me acuerdo. Al cabo de un año los logros son más a largo plazo.

    Actualización: En uno de los cambios del teléfono perdí la App o la cuenta que me hice se me canceló. Nunca encontré el momento de volverla a instalar y de seguir la progresión. Eso es significativo, dado que cada vez importan menos los logros de no fumar porque tu vida es la de un no-fumador. Es verdad que tengo curiosidad por saber qué logros habré conseguido después de dos años y medio, pero me da pereza hacer todo el proceso de descarga, crear la cuenta, hacer el test, mirar los resultados… Tengo otras cosas más interesantes que hacer con mi tiempo, como terminar este artículo.

    6. No dejes de hacer tu vida

    La primera vez que dejé de fumar me aparté de los fumadores, es decir, de casi todos mis amigos y de mucha gente con la que me llevaba bien. Esto de apartarse de las personas que aún fuman suele ser un consejo muy habitual, pero no es muy efectivo. Uno se puede sentir aislado y, al final, vuelves a fumar solo para recuperar tu vida. Puedes seguir viendo a tu gente y no fumar mientras ellos echan humo. De todas formas, al principio, hay que evitar los interiores donde se fuma. Una de las pocas ventajas de la sociedad en la que vivimos es que el humo está cada vez más perseguido. La sensación de que otro fume es extraña, pero te acostumbras y al cabo de un rato se te olvida completamente.

    Otra de las cosas curiosas es que te vas apartando de los planes de los fumadores cuando no te interesan. Imagina un día de viento y frío y estás en el trabajo y tienes que salir a fumar. Al final no te das ni cuenta y te sientes un poco afortunado. Ves a tus compañeros fumadores incómodos por tener que administrarse su dosis de nicotina, y tú tan campante. No es que te alegres, pero sienta muy bien.

    Actualización: El otro día estaba en una reunión con amigos, en casa de uno que fumaba. También anduve en un cumpleaños, bajaron la persiana del garito donde estábamos y todo el mundo se puso a fumar dentro. Sería un plan deseable hace unos años pero a estas alturas me sorprende lo mucho que me molestaba el humo del tabaco, que la ropa me oliera a cenicero, el escozor en la garganta. Lejos de apetecerme encender un cigarro, lo que quería era respirar el aire fresco de la calle. Nunca he querido convertirme en el típico exfumador que detesta el humo del tabaco, pero sin darme cuenta he desarrollado mucha animadversión a estar encerrado con humo. Otra de las ventajas es que no tienes que salir a cada momento del sitio donde estés a gusto.  

    7. Haz planes donde el tabaco sea incómodo

    Puede gustarte vivir a lo grande: amar, beber, comer, fumar a lo grande. Parece que se asocia este estilo de vida con el hecho de fumar, pero se puede vivir igual sin tener que estar matándose tanto. Ocurre que te da por comer y dejar de fumar engorda. Una buena manera de combatir esos quilos de más (si fuera necesario, ya quizás te sienta bien engordar porque estés raquítico de tanto darle al veneno) es hacer ejercicio. Tus planes pueden ser: jugar al pádel, salir a correr, planear excursiones de todo el día… La cosa es generar recuerdos nuevos y positivos sin tabaco.

    Esto de engordar es el mayor enemigo que tienen los fumadores y merecería un artículo aparte. El fumador combate la ansiedad aspirando del cigarrillo. De hecho, después de comer, lo primero que hace es encenderse un cigarro para sentirse saciado. Cuando se deja el tabaco hay que acostumbrarse y se combate la ansiedad comiendo. Cogí muchos quilos, diez para ser exactos. Llegó un punto que la situación era insostenible y verme tan gordo es una de las razones que me hacía añorar el hábito. Me dije: Tienes que aguantar unos meses, si necesitas comer, come. Cuando tengas el mono más controlado (al cabo de seis o siete meses) es cuando te puedes plantear empezar a perder peso. De hecho, comer bien y sano ayuda a dejar atrás el vicio. El hábito del deporte también ayuda mucho; ahora me parece asqueroso salir a correr o al gimnasio y tener que fumarme un cigarro luego.

    Puestos en la balanza de la salud, es mejor engordar diez quilos a estar seis meses fumando.

    Actualización: El tema de engordar es realmente el enemigo más fuerte que uno encuentra a largo plazo. Es cierto que el tabaco te mantiene delgado y que es una forma de combatir la ansiedad del día a día que no engorda. En los primeros meses, seguro que esta es una razón para la recaída de muchas personas. No obstante, poco a poco se van cogiendo nuevos hábitos hasta entonces impensables. Aunque siempre he sido una persona activa, nunca he practicado un deporte concreto con asiduidad. Ahora no puedo vivir sin pasar más de una semana sin entrenar un par de quilómetros en la piscina. No son los beneficios físicos del ejercicio, que también, sino los psicológicos los que me gustaría destacar. La tranquilidad, la seguridad en mí mismo, la autoestima, me han ayudado mucho en proyectos personales y profesionales que fueron impensables.  

    8. El mono no se acumula

    En ocasiones te asalta el mono (o el carving), es decir, el deseo incontrolable de fumar. Una de las cosas que más cuesta es aceptar eso que dicen los exfumadores veteranos: «nunca dejas de desear el cigarrillo». Bueno, eso puede ser verdad y se hace duro aguantar el tirón durante los primeros meses; sobre todo si piensas que al cabo de tres años desearás fumar. Pero la persona que más desea fumar es la que fuma habitualmente. Piensa en cuando estás en el cine viendo una buena película y deseas que se termine para salir y calmar el mono. Bien, eso no sucede cuando lo dejas: puedes desear fumar un cigarrillo, pero quien más lo desea es la persona que se ha fumado uno hace un rato. Por tanto, si caes, aunque solo sea una vez, al cabo de media hora la molestia será mucho más fuerte y punzante.

    Actualización: A la gente le gusta dárselas de valiente y te asustan con frases como “aún me acuerdo de cuando fumaba y llevo dos -doce o veintidós- años sin fumar”. Es cierto que siempre hay que mantener la guardia alta, pero al cabo de un año, las ganas de fumar se reducen a prácticamente cero. Nadie sabe lo que puede acontecer en el futuro, pero ahora me siento tan lejos del tabaco como si no hubiera fumado nunca.

    9. Recuerda las ventajas de no fumar

    No está de más hacerse una lista antes de dejarlo donde te extiendas en los motivos para dejarlo. Lo más duro del proceso de desintoxicación es que la droga siempre es más lista que tú. Los argumentos que te darás a ti mismo para volver a fumar serán los más convincentes del mundo, porque será una parte de ti la que te los diga. Si te gusta, por ejemplo, la música rock, esa parte de ti te dirá que para disfrutar de ella necesitas llenarte los pulmones de humo. En esos momentos de zozobra, se hace necesario recurrir a la lista de razones por las que dejaste el vicio. Cada persona tiene sus motivos y son muy personales. Por ejemplo, sucede que un problema que no tenía solución mejora, o se soluciona, cuando dejas de fumar. Como Ulises, hay que atarse al mástil de las cosas buenas de no fumar, para ello debes prepararte antes de escuchar el canto de las sirenas. Tu lista de aspectos negativos del tabaco será la maroma que te sujeta.

    Actualización: Hay ventajas inesperadas en la desintoxicación tabáquica, de hecho, quizá son las más agradables. Por ejemplo, da igual la potencia sexual de la que ahora dispongas, cuando no fumes la multiplicarás por diez en calidad y en cantidad. Eso yo no lo sabía, y me sorprendió sobremanera lo mucho que afecta el tabaco a la pol**. En fin, hay algunos que prefieren fumar antes que fol***, pero yo no soy de esas personas.

    10. Fumar no mola

    Hay muchas fotos, del tipo en blanco y negro, donde se ve a James Dean con un cigarro en la boca. Por suerte o por desgracia, pasaron los tiempos del chico/a Marlboro. Hoy fumar es un acto asqueroso incluso para los que lo hacen. En aquella época, tener los dientes negros era lo más habitual del mundo: hoy en día tienes que gastarte un dineral en el dentista. Si no estás dispuesto a ir por el mundo con los dientes como una bolsa de pipas, entonces no estás dispuesto a fumar. Los únicos que pueden permitirse esta imagen son las personas menores de treinta años. A partir de esa edad, fumar sobra.

    Otra de las situaciones que odiaba de fumar era el hecho de sentirme inferior a cualquiera que no fumara. Sé que es estúpido, de hecho, lo sé bien ahora que no fumo; pero entonces no me lo terminaba de creer y cualquier imbécil podía darme lecciones sobre lo malo que es fumar. Además, me da terror volver al vicio y sentir de nuevo la necesidad de esconderme en un rincón para echar humo.

    Acabas ganando mucha seguridad en ti mismo: si eres capaz de no fumar, eres capaz de cualquier cosa.

    Hasta aquí mis diez consejos para dejar de fumar sin hipnosis. Espero ayudar a cualquiera que lo necesite. A veces, un anónimo en internet puede salvarte de un apuro.

    Si crees que te ha servido a ti o le puede servir a alguien, compartir es vivir.

    Nota del autor: Un amigo me dijo que el éxito en que alguien como yo, enganchadísimo al tabaco, hubiera podido dejarlo consistía en que, además de seguir todos los pasos que aquí aparecen, me comprometí por escrito con este artículo. Puede que tenga razón y ese sea el undécimo paso: comprometerse simbólicamente. En cualquier caso, este texto no pretende ser una moralina infame sobre los efectos negativos del tabaco. Si te hace feliz, fuma. Si quieres dejarlo, quizá leerme pueda ayudarte. Si no fumas, quizá puedas ayudar a dejarlo a otra persona que quiera.

    Siéntete libre de enriquecer este blog con tu experiencia lectora. No tengas miedo de escribir un comentario o mandarme lo que quieras a la dirección: ricardorodriguezboceta@gmail.com.

  • Se lleva muchas vidas

    Se lleva muchas vidas

    Mis padres y mis tíos vivieron la época de la heroína en España, que se llevó el futuro de muchos jóvenes con toda la vida por delante. Las pocas veces que salía el tema en las reuniones familiares, se hablaba con tristeza, porque casi todos habían perdido a un amigo víctima del maldito caballo. Cuando uno pregunta cómo se pudo llegar a aquel extremo, te contestaban que en verdad no se sabían las consecuencias del uso indiscriminado de aquella droga, que muchos chavales lo hacían para molar más en su barrio, que otros pensaban que podían controlarlo y que, finalmente, no podían salir. No se tenía información y a la que había, por lo que sea, no se le daba relevancia. Así murieron, literal o figuradamente -porque quedarse hecho un yonki, en cierto sentido, es una muerte civil- miles de chicos y chicas durante los años setenta y ochenta. RIP.

    Hoy en día las cosas no son lo que eran. Yo no he perdido a ningún amigo por la heroína, ni conozco a nadie que la haya probado (y conozco a algunos que han probado de todo). Los chutes ya no son un problema social, pero no podemos cantar vitoria tan pronto. Hay una droga que se sique llevando la vida de muchos, literal y figuradamente.

    El consumo de alcohol entre la población juvenil, aunque cada año aumenta, no deja un reguero de muertos. Si bien es cierto que a veces suceden accidentes, como por ejemplo la intoxicación etílica por parte de una quinceañera en las fiestas de Tarragona, estos no son habituales ni revisten de gravedad. A veces alguno se ha pasado y ha habido que llamar a la ambulancia, pero todo ha quedado en un susto por no conocer el alcohol. De todas formas, veremos que los botellones abren los telediarios y que los jóvenes de hoy parecen más borrachos y más inconscientes que los de ayer, o que los adultos de ahora.

    Pero el demonio del mediodía, que trimestralmente abre las noticias para que no se nos olvide su malignidad, es el tabaco. Cientos de campañas en contra de la yerba seca y, sobre todo, de los fumadores. A pesar de todo, el número de jóvenes que actualmente empiezan a consumir la yerba del diablo es prácticamente el mismo que años atrás, más o menos un treinta por ciento de la población, harta de sus padres y del sistema en el que viven, con ganas de ser rebeldes y de molar un poco más. Lo dejarán muchos luego. Aunque mata mucho entre los viejos, lo cual es relativamente comprensible dado que o los mata el tabaco o cualquier otra cosa, el tabaco no deja bellos cadáveres que llorar.

    El tema de la droga, my favourite subject –que diría el clásico-, aunque tabú, también es uno de los peligros habituales a esquivar. Chicos con ganas de experimentar y de probar cosa nuevas, es fácil que busquen experiencias químicas en paraísos artificiales, como en el siglo XIX hiciera el joven Baudelaire para escribir Las flores del mal. El deseo de transgresión y trascendencia es relativamente habitual. Este sí que es uno de los pozos por donde caen muchos, porque si bien es cierto que es hipnótico mirar el abismo, no hay que olvidar que el abismo también te mira a ti y se te cuela dentro. Desde la marihuana hasta el éxtasis, este sí que es un peligro real que deja algunas miradas bobaliconas en chavales que fueron inteligentes y que ahora solo dicen: ¡Heeeeey!

    No obstante, hay un peligro mayor a lo todo antes mencionado, que se lleva muchas vidas de jóvenes por delante y los hunde en la depresión, los conduce al fracaso escolar y social, que los deja hechos unos seres sin futuro teniendo apenas pasado: el móvil.

    Por mi profesión, conozco muchos chicos y chicas tristes, ansiosos, deprimidos, no por el consumo indiscriminado de estupefacientes, sino por el uso sin límites de las pantallas. Tanta gente incapaz de enfrentarse a la vida real por haber hecho frente a demasiados monstruos virtuales en videojuegos o en el veneno de las redes sociales. No hace falta explicar lo nocivo que es el maldito aparato, necesario para todo. Todos tenemos uno en el bolsillo que sabe mejor nuestros gustos que cualquier ser humano. Dicen que es el futuro y seguramente es cierto, pero vamos a pensar en el presente.

    El suicido es la primera causa de muerte entre los jóvenes. Si se observan las estadísticas, se verá que el número aumenta cada año exponencialmente, parejo al uso y las horas que se dedican a las pantallas. La depresión es el mono de los jóvenes de hoy, y su causa es el consumo indiscriminado de las redes y los videojuegos antisociales.

    Pero nadie hablará de ello en el telediario ni en los medios generalistas, a pesar de que algunos directivos han grabado documentales sobre lo mal que se sienten por haber diseñado ciertas redes que imitan la dinámica de las tragaperras para generar adicción. Las empresas llamadas tecnológicas ganan muchísimo dinero -y poder- gracias a nuestra dependencia, y no se sienten responsables de la depresión de tantos jóvenes.

    Inevitablemente, llegará la regularización en el uso del móvil, las tabletas y demás gadgets que estén por venir; también se podrán fronteras a las redes sociales por su venenosidad. Quizá irá en contra de la libertad, pero cabe preguntarse si el chaval enganchado a la pantalla el libre después de todo. El uso de la tecnología es inevitable, como lo es el uso del cuchillo; pero hay que aprender a usarlos para no hacerse daño.

    Hasta este artículo, en contra del móvil, lo estás leyendo gracias a él. Quizá no es una cuestión del aparato que se usa, sino del contenido que se consume. Mientras llega y no llega la ley que regule la droga del siglo XXI, que tantos futuros de jóvenes se roba, habrá que tener sentido crítico y cuidarse del C4B4LL0-2.0, se lleva muchas vidas.

  • Cómo tomar Serotonina

    Cómo tomar Serotonina

    Michel Houellebecq (Francia, 1958) es un fumador empedernido. Sujeta su cigarrillo entre los dedos anular y corazón, dejando libre el índice para empuñar una eterna copa de vino. Muerde la boquilla cada vez que aspira y mira a su entrevistadora con los ojos entrecerrados, como hacen quienes piensan bien lo que dicen, como hacen los borrachos. De esta guisa aparecía en 2015 en un programa de TV3, Televisión de Cataluña, con motivo de su polémica novela Sumisión (Anagrama) con la cual sacudió a la opinión pública. El libro situaba la acción en una Francia distópica dominada por el fundamentalismo islámico. La novela fue un escándalo y un éxito. Houellebecq afirmaba que ya había publicado bastante, que estaba cansado de ser una star literaria, que quizá era la última vez que sacaba un libro en vida y que reservaba algunas obras para después de muerto. En enero de este año Anagrama lanzó Serotonina, novela que diez días después alcanzó la segunda edición.

    Algún crítico profesional dedicó unos tweets a denostar la novela antes de que se publicara para el resto de público y afirmó no haber pasado mucho más allá de la página cien. Otro la defendió con modestia porque todo cabe en el arte. Viendo la calidad literaria de ambos, encumbrados no se sabe muy bien por quién, que escriben libros rocambolescos sobre librerías y pasajes que interesan a muy pocos, y tampoco a mí, yo no pude dejar de sentirme atraído por la última palabrota de Houellebecq.

    A Florent-Claude, hombre de mediana edad, no le gustan ni su nombre ni su vida. “No enciendo un cigarrillo hasta después de haber tomado un primer sorbo; es una obligación que me impongo, un éxito cotidiano que se ha convertido en mi principal fuente de orgullo (debo confesar, sin embargo, que las cafeteras eléctricas van muy rápido).” De profesión agrónomo, abandona su trabajo, su casa, su mujer —una japonesa veinteañera solo interesada por su dinero— en busca de los lugares y los amores de su pasado, en busca de una verdad entre tanto sinsentido: el punto donde se torció su vida. Para sobrellevar la carga emocional, toma antidepresivos cuyos “efectos secundarios indeseables observados con mayor frecuencia eran las náuseas, la desaparición de la lívido, la impotencia. Yo nunca había sufrido náuseas.” Es sencillo imaginar el resto.

    El ritmo de la narración es muy dinámico, como suele ser frecuente en los escritores europeos del subsuelo (el primero, Dostoievski) también llamados underground en Norteamérica (el último, Bukowski). El ingrediente secreto parece ser esa escritura semiautomática que no prescinde de las vaguedades y las reiteraciones, pero a la vez tiene cuidado para no dejar ninguna frase vacía de contenido, ausente de genialidad. Los recuerdos más importantes de Florent-Claude son a la vez borrosos y así, hablando del que considera el gran amor de su vida, dice: “nos conocimos en el andén C de la estación de Caen, una mañana soleada de un lunes de noviembre, hace ahora diecisiete años, o diecinueve, no lo sé.” El tiempo es una entelequia, los lugares son eternos.

    Y son distintos. Abundan los paisajes rurales de la Normandía invernal con su niebla, su llovizna y su ganado bovino. Incluso aparece nuestra tórrida N-340, en verano, a la altura de Almería. Desde esta perspectiva, la novela parece un diario de viajes o un cuaderno de bitácora que va tomando forma a medida que el protagonista yerra de un lugar a otro, huyendo siempre de París porque “me repugnaba esta ciudad infestada de burgueses ecorresponsables [sic], yo también era burgués, pero no era ecorresponsable, circulaba en un 4×4 diésel, puede que no hubiera hecho gran cosa en mi vida, pero al menos habría contribuido a destruir el planeta.” Una actitud, por lo menos, reprobable.

    No obstante, este comportamiento enlaza con el tema general de la obra, que no es otro que la desesperanza, y la desconfianza, del yo, del ciudadano medio, hacia la cultura y la sociedad actuales. Tema tabú en los medios masivos, tema doloroso y central desde la perspectiva de Houellebecq cuando escribe: “Hoy debemos considerar la felicidad como un ensueño antiguo, pura y simplemente, no se dan las condiciones históricas.” Dicho lo cual, parece que el único camino es la vía que toman miles de europeos cada año, quienes aplastados por la realidad se animan a “un momento de puro terror y luego se acabó, entregaría al Señor mi alma incierta.” Pero de momento, la muerte no le interesa.

    “Hoy debemos considerar la felicidad como un ensueño antiguo, pura y simplemente, no se dan las condiciones históricas”

    Podría parecer que la novela es pura depresión y melancolía: nada más lejos de la realidad. Muchos chistes que se cuentan, bromas que se hacen en nuestro día a día, tienen un elemento trágico. Así el autor consigue momentos desopilantes mediante diálogos y escenas tan absurdas como verosímiles, mediante otros personajes secundarios. Aymeric es el mejor amigo de Florent, estudiaron juntos en la facultad, ambos son de familia adinerada. Su vida también es un desastre y la pasan emborrachándose como en los viejos tiempos. Por otra parte, está Camille, su gran amor de juventud. Ella lo abandonó cuando lo cazó con una de sus amantes. Él pensará en ella todas y cada una de las noches que le queden por vivir. Viaja a Normandía porque Camille y Aymeric viven allí. Luego, vuelve a París cuando los antidepresivos empiezan a escasear. Los necesita.

    Su terapeuta, el doctor Azote —nitrógeno en francés— es quien le receta el Captorix, la serotonina sintética. Este médico, también fumador empedernido, establece cierta complicidad con Florent y acaba recomendándole que deje las pastillas en pro de otro tratamiento alternativo: “Las llaman escorts, algunas no están mal, ya sabe. En fin, hay que ser honesto, son la excepción, la mayoría son cajeros automáticos en estado puro, se sienten obligadas al teatro de fingir deseo, placer y amor y lo que haga falta, pueden engañar a gente muy joven y muy estúpida, pero no a la gente como nosotros.” Como se aprecia, el texto no se censura.

    Para disfrutar de la obra, hay que acercarse a ella desde la ironía. Si uno toma en serio todo lo que se dice, el lector puede estar ante una historia de terror, sobre todo, supongo, si se encuentra en la mediana edad, como muchos críticos y escritores.  No obstante, vista con distancia, deshumanizada, se puede llegar a reír de verdad con la desgracia humana, y quizá Houellebecq propone ese método como el auténtico antidepresivo posmoderno: una literatura que, incluso, se ríe de sí misma. “Al igual que ese viejo imbécil de Goethe (el humanista alemán de tendencia mediterránea, uno de los viejos chochos más siniestros de la literatura mundial).”, o también, “Marcel Proust, que al final de El tiempo recobrado, concluía con notable franqueza que el escritor, contrariamente a lo que cree todo el mundo, no necesitaba en absoluto conversaciones intelectuales, sino amores ligeros con muchachas en flor. Me importa mucho sustituir “muchachas en flor” por jóvenes coños húmedos, esto contribuirá, me parece, a clarificar el debate sin detrimento de su poesía.” O quizá esto revele una amargura recalcitrante, porque “cuando nuestro corazón ha hecho su vendimia/ vivir es un mal, escribía más certeramente Baudelaire.” En el fondo, qué importan los gustos del autor.

    “Marcel Proust, que al final de El tiempo recobrado, concluía con notable franqueza que el escritor, contrariamente a lo que cree todo el mundo, no necesitaba en absoluto conversaciones intelectuales, sino amores ligeros con muchachas en flor. Me importa mucho sustituir “muchachas en flor” por jóvenes coños húmedos”

    La contraportada de la edición de Anagrama afirma que Houellebecq entiende el amor como una entelequia. Eso no es exacto, de hecho, en lo más hondo del pozo existencial que dibuja el autor, el amor “permite, con todo, transformar nuestra existencia terrenal en un momento soportable, que incluso es, en verdad, el único medio de soportarla.” Así, la quimera aparente no lo era, sino el mundo exterior que “era duro, implacable con los débiles, no cumplía nunca sus promesas y el amor seguía siendo lo único en lo que todavía se podía, quizá, tener fe.” Y por eso aparecen fragmentos de exquisita ternura como “todas las parejas tienen sus pequeños ritos, ritos insignificantes, hasta un poco ridículos, de los que no hablan con nadie.” Entre tanta tristeza, también hallamos lírica.

    “Todas las parejas tienen sus pequeños ritos, ritos insignificantes, hasta un poco ridículos, de los que no hablan con nadie”

    Houellebecq afirmaba en aquella entrevista de 2015 —allá, cuando iba por la segunda copa de vino— que, a sus lectores, a los de verdad, no les interesan sus opiniones, sino su visión. Un escritor clásico como Albert Camus dejó dicho que las personas deben estar por encima de las ideas. En esta clase de obras el lector no debe buscar la verdad, sino la sinceridad, que no es lo mismo. Otros autores internacionales han optado por esta vía con buenos resultados editoriales. Es el caso del noruego Karl Ove Knausgard con Mi lucha o Manuel Vilas y su Ordesa. Sin duda, junto a Houellebecq, representan un fenómeno literario en auge.

    “¿Cedimos a ilusiones de libertad individual, de vida abierta, de posibilidades infinitas? Es posible, eran ideas propias del espíritu de la época. Nos conformamos con adaptarnos a ellas, con dejar que nos destruyeran; y luego, durante mucho tiempo, con padecerlas.” Y para soportarlo, se puede probar con antidepresivos o con Serotonina.

    “Es un comprimido pequeño, blanco, ovalado, divisible.”

    Que el lector decida.

  • Dejar de fumar sin hipnosis (10 pasos)

    Dejar de fumar sin hipnosis (10 pasos)

    Aprecioado lector/a: Si me conocieras, te soprendería mucho saber que llevo muchos meses sin fumar; y que no pienso volver a fumar nunca. Las razón de mi decisión no responde a una enfermedad o malestar físico grave, más allá de la preocupación por la salud que todos los fumadores tienen. Si quieres dejar de fumar, este es tu artículo. Mi intención es dar algunos consejos que me hubieran gustado leer cuando he intentado dejarlo en el pasado. Quizá esta información pueda ayudar a alguien que se lo esté pensando y no sepa por dónde empezar. Y te garantizo una cosa: si yo he podido, tú también.

    1. Lee el libro de Allen Carr Dejar de fumar es fácil si sabes cómo

    Libro de Allen Carr, Es fácil dejar de fumar, si sabes cómo

    Una vez fui a comer con un amigo. Del modo más absurdo y sin venir a cuento, me regaló un libro que había encontrado en algún rastro de segunda mano: Dejar de fumar es fácil si sabes cómo. Lo miré extrañado y la verdad es que me tocó las narices ese «regalo». Supongo que esa era la intención, reírse un poco de mí, porque yo era un fumador empedernido. A pesar de todo, suelo tener mucho respeto por los libros, incluso por los que no me interesan en absoluto, y lo guardé. El caso es que andando el tiempo lo he vuelto a leer y con pocas obras literarias me he sentido tan identificado como con este folletín verde pistacho. Básicamente enseña dos cosas: que fumar no mola y que se puede disfrutar de dejarlo.

    ¡Y todo empezó con una broma!

    2. Ponte en manos de los profesionales

    Blister de pastillas Chamipix para un champion como tú

    Cuando te planteas dejar el vicio es porque llevas un tiempo asqueado. Así era mi caso, pero no me veía con fuerzas. Necesitaba un plan externo que me ayudara a saber que estaba dejándolo. Como el que puede estudiar un idioma por su cuenta y riesgo o puede apuntarse a una academia y disponer de la ayuda del profesor; en su día escogí la segunda opción para aprender inglés y me ha dado buenos resultados. Así que apliqué el mismo sistema y pedí cita con el médico. Te hacen un test para saber en qué escala de fumador te encuentras. No mentí, tampoco me quedé corto en las respuestas tipo cuántos cigarrillos fumas al día, porque me daba lo mismo, yo estaba convencido de que quería dejar de fumar. Los fumadores suelen sentir vergüenza por cuánto fuman, pero cuanta más vergüenza más orgullo. Yo estaba en una escala alta: cigarrillo de oro o de platino. Me recetaron las pastillas Champix de Pfizer en vistas de mi tabaquismo profesional.

    3. Escoge el momento oportuno

    Fotogafía del desembarco de Normandía, también conocido como Día D

    Para mí fue después de las oposiciones. No puedes abordar una empresa de este tipo si no te ves con suficiente energía mental para llevarla a cabo. Pasé muchas horas obligado a estar en una silla sin poder moverme porque tenía que estudiar. Estaba claro que ese no era el momento.

    A veces vas a tener la necesidad de levantarte y dar una vuelta: debes disponer del tiempo, de las ganas y del valor suficiente para enfrentar el mono cuando se te presente. Habrá acciones que te parezcan imposibles sin el cigarrillo en la mano. Para mí una de esas acciones la de escribir: se me hacía imposible sentarme delante del ordenador a soltarte el rollo sin un cigarrillo enciendido, guarreando las teclas con la ceniza. Lo mismo me pasaba con la lectura, que me encanta. Ir haciendo, poco a poco, chino-chano.

    4. Tira todo el tabaco que tengas en casa

    Este paso es muy importante. En otros blogs y artículos he leído casos de gente que se ha guardado el último paquete y cosas por el estilo. A mí eso no me funcionó en su día y fue el principal motivo por el que recaí. Tenía el tabaco guardado en un armario de la cocina. Un día me estresé y me fumé un cigarrillo, y luego otro. Si no lo hubiera tenido, no digo que no hubiera recaído, pero seguro que ese día no habría fumado. Cuando lo dejas, no te hace falta tener tabaco en casa. Regálaselo a un ser querido o tíralos a la basura. Así, si quieres fumar, tendrás que ir a comprar y a lo mejor en el trayecto te lo piensas dos veces.

    En un viaje en coche de vacaciones, me entraron muchísimas ganas de fumar. Era un trayecto largo y yo tenía la costumbre de fumar mientras conducía. Aquella sed de nicotina me pilló completamente desprevenido: habían pasado cuatro o cinco meses desde que lo dejé. Recuerdo que paramos en un área de servicio y mientras mi chica estaba en el lavabo yo estaba delante de la máquina de tabaco mirando el cartelito de Lucky Strike (‘golpe de suerte’ en inglés). Tenía cinco euros en el bolsillo, solo necesitaba una mirada de la dependienta para que actibara la maquina: esta mirada no se produjo. No fue más de un minuto, pero lo pasé muy mal. Salí a la calle, me dio el aire, vino mi chica y continuamos el camino. Durante aquella semana de vacaciones, debo reconocer que tuve otras embestidas del mono, pero ninguna tan fuerte como aquella primera. Era verano y me iba mojando la cabeza en todas las fuentes que encontraba. Al final no recaí por un golpe de suerte. Y menos mal que no tenía tabaco.

    Recuerda: si no te ves con el valor para tirar el tabaco a la basura, no te tortures: aún no es tu momento.

    5. Bájate la app Flamy

    App Flamy, muy recomendable para motivarse

    Una de las cosas que más motiva a medida que vas dejando el vicio es ver tu progresión en el tiempo. Esta app hace que te lo tomes como un juego donde vas desbloqueando niveles y logros. Motiva mucho y ayuda a seguir en la brecha. Tampoco hay que obsesionarse con el minuto a minuto, aunque en los momentos duros la app ayuda a echar la vista atrás y ver el camino recorrido. Puedes ver los cigarros que no has fumado, el dinero que has ahorrado… parece un cliché, pero funciona muy bien. No recomiendo pagar, las ventajas son mínimas. Otra app interesante es la del ministerio de sanidad Stop Tabaco: va bien porque te hace el test y te coloca la fecha límite para dejar de fumar. Lo mejor es combinar las dos. Primero Stop Tabaco hasta el día D y luego Flamy para motivarse durante el desquite.

    A día de hoy aún tengo la app activada y sigo entrando de vez en cuando. Al principio entraba casi cada hora, actualmente lo hago cuando me acuerdo. Al cabo de un año los logros son más a largo plazo.

    6. No dejes de hacer tu vida

    La primera vez que dejé de fumar me aparté de los fumadores, es decir, de casi todos mis amigos y de mucha gente con la que me llevaba bien. Esto de apartarse de las personas que aún fuman suele ser un consejo muy habitual, pero no es muy efectivo. Uno se puede sentir aislado y, al final, vuelves a fumar solo para recuperar tu vida. Puedes seguir viendo a tu gente y no fumar mientras ellos echan humo. De todas formas, al principio, hay que evitar los interiores donde se fuma. Una de las pocas ventajas de la sociedad en la que vivimos es que el humo está cada vez más perseguido. La sensación de que otro fume y tú no es extraña, pero te acostumbras y al cabo de un rato se te olvida completamente.

    Otra de las cosas curiosas es que te vas apartando de los planes de los fumadores cuando no te interesan. Imagina un día de viento y frío y estás en el trabajo y tienes que salir a fumar. Al final no te das ni cuenta y te sientes un poco afortunado. Ves a tus compañeros fumadores incómodos por tener que administrarse su dosis de nicotina, y tú tan campante. No es que te alegres, pero sienta muy bien.

    Cuando alguien me pregunta con un cigarro en la mano cómo llevo lo de no fumar, digo que soy fumador pero que no ejerzo. He pasado buena parte de mi vida fumando y eso ha configurado mi manera de ver muchos aspectos. No me arrepiento de quién soy, por lo tanto no me arrepiento de haber fumado. Por ejemplo, me gustan las cenas con los amigos, tomar unas copas en tertulias filosóficas sin término: eso no tiene por qué cambiar, de hecho, no ha cambiado en absoluto.

    7. Haz planes donde el tabaco sea incómodo

    Una excursión en kayak es una gran idea

    Puede gustarte vivir a lo grande: amar, beber, comer, fumar a lo grande. Parece que se asocia este estilo de vida con el hecho de fumar, pero se puede vivir igual sin tener que estar matándose tanto. Ocurre que te da por comer y dejar de fumar engorda. Una buena manera de combatir esos quilos de más (si fuera necesario, ya quizás te sienta bien engordar porque estés raquítico de tanto darle al veneno) es hacer ejercicio. Tus planes pueden ser: jugar al pádel, salir a correr, planear excursiones de todo el día… La cosa es generar recuerdos nuevos y positivos sin tabaco.

    Esto de engordar es el mayor enemigo que tienen los fumadores y merecería un artículo aparte. El fumador combate la ansiedad aspirando del cigarrillo. De hecho, después de comer, lo primero que hace es encenderse un cigarro para sentirse saciado. Cuando se deja el tabaco hay que acostumbrarse y se combate la ansiedad comiendo. Cogí muchos quilos, diez para ser exactos. Llegó un punto que la situación era insostenible y verme tan gordo es una de las razones que me hacía añorar el hábito. Me dije: Tienes que aguantar unos meses, si necesitas comer, come. Cuando tengas el mono más controlado (al cabo de seis o siete meses) es cuando te puedes plantear empezar a perder peso. De hecho, comer bien y sano ayuda a dejar atrás el vicio. El hábito del deporte también ayuda mucho ahora me parece asqueroso salir a correr o al gimnasio y tener que fumarme un cigarro luego.

    Puestos en la balanza de la salud, es mejor engordar diez quilos a estar seis meses fumando.

    8. El mono no se acumula

    En ocasiones te asalta el mono (o el carving), es decir, el deseo incontrolable de fumar. Una de las cosas que más cuesta es aceptar eso que dicen los exfumadores veteranos: «nunca dejas de desear el cigarrillo». Bueno, eso puede ser verdad y se hace duro aguantar el tirón durante los primeros meses; sobre todo si piensas que al cabo de tres años desearás fumar. Pero la persona que más desea fumar es la que fuma habitualmente. Piensa en cuando estás en el cine viendo una buena película y deseas que se termine para salir y calmar el mono. Bien, eso no sucede cuando lo dejas: puedes desear fumar un cigarrillo, pero quien más lo desea es la persona que se ha fumado uno hace un rato. Por tanto, si caes, aunque solo sea una vez, al cabo de media hora la molestia será mucho más fuerte y punzante.

    9. Recuerda las ventajas de no fumar

    No está de más hacerse una lista antes de dejarlo donde te extiendas en los motivos para dejarlo. Lo más duro del proceso de desintoxicación es que la droga siempre es más lista que tú. Los argumentos que te darás a ti mismo para volver a fumar serán los más convincientes del mundo, porque será una parte de ti la que te los diga. Si te gusta, por ejemplo, la música rock, esa parte de ti te dirá que para disfrutar de ella necesitas llenarte los pulmones de humo. En esos momentos de zozobra, se hace necesario recurrir a la lista de razones por las que dejaste el vicio. Cada persona tiene sus motivos y son muy personales. Por ejemplo, sucede que un problema que no tenía solución mejora, o se soluciona, cuando dejas de fumar. Como Ulises, hay que atarse al mástil de las cosas buenas de no fumar, para ello debes prepararte antes de escuchar el canto de las sirenas. Tu lista de aspectos negativos del tabaco será la cuerda.

    10. Fumar no mola

    Hay muchas fotos del tipo en blanco y negro donde se ve a James Dean con un cigarro en la boca. Por suerte o por desgracia, pasaron los tiempos del chico/a Malboro. Hoy fumar es un acto asqueroso incluso para los que lo hacen. En aquella época, tener los dientes negros era lo más habitual del mundo: hoy en día tienes que gastarte un dineral en el dentista. Si no estás dispuesto a ir por el mundo con los dientes como una bolsa de pipas, entonces no estás dispuesto a fumar. Los únicos que pueden permitirse esta imagen son las personas menores de treinta años. A partir de esa edad, fumar es ridículo. Piensa en las fotos que tienes en redes sociales, ¿en cuántas has salido bien con un cigarro?

    Otro de los experiencias que odiaba de fumar era el hecho de sentirme inferior a cualquiera que no fumara. Sé que es estúpido, de hecho, lo sé bien ahora que no fumo; pero entonces no me lo terminaba de creer y cualquier imbécil podía darme lecciones sobre lo malo que es fumar. Además, me da terror volver al vicio y sentir de nuevo la necesidad de esconderme en un rincón para echar humo.

    Acabas ganando mucha seguridad en ti mismo: si eres capaz de no fumar, eres capaz de cualquier cosa.

    Hasta aquí mis diez consejos para dejar de fumar sin hipnosis. Esperoayudar a alguien que lo necesite. A veces, un anónimo en internet, puede salvarte de un apuro.

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