La decisión de su vida

Dos amigos están en un bar de barrio. Las mesas de la terraza son de metal ligero y han decidido sentarse allí porque, a pesar de que es invierno, uno de ellos fuma. Piden ambos un café y esperan a que el camarero les sirva. Hace frío, pero no les importa.

-Cada vez tengo más claro que nuestra vida no se compone de grandes decisiones importantes, sino de pequeñas decisiones infinitesimales. Minúsculos momentos en los que nos lo jugamos todo, a diario, continuamente, sin darnos a penas cuenta.

-No te entiendo, Marcus.

-Me pasa cuando decido escribir o no esa palabra, cuando escojo el momento en el que ponerme a contar una historia, cuando busco el día adecuado para sentarme un rato frente al ordenador; todas esas decisiones forman parte de la misma: la decisión de escribir periódicamente cueste lo que cueste. Un día alguien se interesa por mi prosa, alguien importante, y toca decidir si publicar o no, pero la decisión ya está tomada en cada uno de los días en que me senté a gastar las teclas del teclado del ordenador.

El camarero trae los cafés y se produce un breve silencio. Marcus mira al vacío mientras sostiene su cigarrillo y el otro lo mira con las manos en los bolsillos. Da una calada.

-Para qué escribir si nadie te lee, Marcus. Ni siquiera yo, que soy tu mejor amigo, el único amigo que tienes, de hecho. Tus textos resultan tediosos, siempre escribes sobre las mismas cosas. No tiene sentido dedicar tanto tiempo a algo que no sirve para nada, deberías invertir tus energías en otra cosa. Mira los creadores de contenido en internet.

-Hay que tener fe y confiar en que los cambios positivos llegarán, y así poder disfrutar del presente, porque en el gozo del ahora hay algo de esperanza por el gozo de mañana.

-Ya empiezas con tus sentencias estrafalarias. El gozo verdadero es tener un coche guapo, una novia guapa, una casa guapa, mantenerte joven. Eso da la felicidad y no todas esas paranoias que escribes en tu blog de internet. Marcus, debes ver la realidad como hacemos los demás, seguramente te iría mucho mejor. Cambiando de tema, el otro día vi una serie que te encantaría: unos tipos cogen un avión y desaparecen cinco…

-En las películas de Hollywood vemos un mundo donde los personajes toman grandes decisiones trascendentales en un momento crucial, pero en la vida no ocurre de esa manera. Si bien estamos ante dos caminos que se bifurcan cada cuatro o cinco años, donde decidimos si seguiremos o no con esa chica, si aceptaremos ese trabajo, si compraremos esa casa, la decisión ya está tomada de antemano, debido al curso de decisiones infinitesimales que nos han llevado a ese cruce de caminos concreto, y no a otros posibles infinitos. Lo llaman destino, parece sorprendente, pero detrás de las casualidades opera una lógica aplastante que aún no podemos rastrear con nuestra física.  

-Maldita sea, Marcus, cada vez hablas más raro. De verdad no hay nadie que te entienda. Qué sabrás tú de física, eh, cráneo privilegiado, no sabes ni la tabla del nueve.  Además, deberías dejar de fumar tanto, ese vicio del demonio te está manchando los dientes. Pareces mucho más mayor de lo que eres, tío, solo tienes treinta y tres años y hablas como un viejo al final de su vida. La edad es una actitud, bro, y tú no la tienes.

-Ir o no a la universidad, por ejemplo. Dependerá de factores múltiples nuestra capacidad de elección. Una persona estudiosa podrá verse en la diatriba de decidir entre una facultad u otra, pero la decisión de seguir un itinerario académico, y que es la verdaderamente fundamental, ya estaba tomada de antemano en cada uno de los actos de durante años se han tomado cada día: estudiar para ese examen en vez de salir con los amigos, apuntarse a clases de inglés para alcanzar un nivel aceptable, leer aquel clásico de la literatura rusa que no sirve para nada. En esas decisiones está el germen de la gran decisión futura, que en ese momento el (o la) estudiante de instituto, desconoce.

-Marcus, si casi no aprobamos el instituto, no íbamos a clase, no atendíamos a los profesores, no estudiamos para un maldito examen. Qué me estás contando ahora del esfuerzo. A veces las cosas ocurren simplemente, sin una razón, pasan y punto.

-Podemos buscar los ejemplos que se quieran. También funciona a la inversa. Entre hacer o no hacer deporte, alguien puede decidir lo primero. Pero ese esfuerzo decisivo no se producirá en un día, sino que la persona deberá tomar decisiones diarias: preparar la bolsa de deporte, encontrar el tiempo, encontrar las ganas, encontrar la actividad adecuada, y así cada día durante un periodo de tiempo indeterminado, pero extenso.

-Tampoco has hecho deporte en tu vida. Mira, no sé qué te pasa hoy, pero estás insoportable. Cambiando de tema. El otro día vi una serie sobre unos tipos con boina que imparten justicia en el Nueva York de los años veinte, deberías verla porque seguro que te encantaría. Llevan un estilo vintage que te pega mucho. Yo de hecho estoy pensando en comprarme una gabardina y una boina, un poco con esa idea, porque son…  

-La gente espera cambios de la noche a la mañana, que después de un sueño, una conversación con un amigo o con el psicólogo, después de un vídeo de internet, que después de leer un post, se produzca el cambio deseado, que se escuchen las palabras mágicas que nos permitirán alcanzar nuestras metas, pero nunca llegarán. Las personas no pueden soportar el silencio de algunas preguntas. Para ellas, es tan molesto como un pitido penetrante en los oídos. ¿Por qué el mundo es tan injusto? ¿Por qué las guerras, el hambre, la muerte de los inocentes? ¿Por qué mi propio fracaso? Dios guarda silencio.

-No debes ser tan negativo. Mucha gente alcanza sus sueños, mira Ginés, el del pueblo.

-Quienes buscan esa clase de fórmula mágica sólo encontrarán al cabo su contraria: la justificación del supuesto engaño vital al que estaban sometidos, y les hacía perder el tiempo persiguiendo una meta inútil. En eso se basan todas las sectas: la respuesta la tienen los pleyadianos, y vendrán a entregárnosla el día del juicio final, cuando todo tendrá sentido. Algunos se suicidan o simplemente llegan la apatía y las pocas ganas de seguir vivo. Como hemos dicho antes, no hay gozo en el presente sin esperanza de gozo futuro. La promesa de cumplir nuestros sueños sin esfuerzo es el mal de nuestra sociedad actual, y se cobra muchas vidas en forma de depresiones o de ansiedades.  

-Como sigas así vas a ser tú el que coja depresión. Eres el tipo más melancólico que conozco. No sé cómo puedes vivir así.  De verdad, no sé cómo eres capaz de darle tantas vueltas a lo que es simple. Maldita la hora en que estudiaste literatura.

-Otro de los problemas es la falta de ficción, las personas se toman demasiado en serio a sí mismas. Muchos se esfuerzan en perseguir la verdad, pero podría ser que dicha verdad fuera un invento, una sombra, una ficción, etc. Y no pasa nada, no significa eso que la verdad sea un engaño, sino que es compleja como el universo y nuestra capacidad humana aún no llega a abarcarla en toda su poliédrica, multifacética, infinita figura. La verdad no tiene forma de piedra, sino de perfume: se desdibuja cuando se encuentra.

-Quién demonios, en pleno siglo XXI, utiliza la palabra poliédrica. De verdad, Marcus, eres un buen colega y te aprecio, lo sabes, pero deberías cambiar de actitud vital. Mira a este tipo haciendo calistenia. ¿Te crees que le hace falta a este buscar la verdad por alguna parte? Las tiene así, haciendo cola. Esa es la verdad, lo tuyo no son cuentos.

-Porque vivimos a golpes y tenemos necesidad de crear un universo estable y paralelo donde haya sentencias que cambien el curso de nuestra vida, por eso inventamos los cuentos, por esa razón y no otra la ficción es necesaria: para aligerar el peso de la verdad nunca entendida, de la realidad siempre engañosa. Vivimos en la era de las noticias falsas, como si acaso hubiera noticias verdaderas, como si no fueran todas las noticias, filosóficamente, falsas, ficción. Las personas se fanatizan en busca de una realidad oculta, ricos y pobres, élites y masa, todos buscando la ficción en la realidad.

-Hoy en día nadie lee. La gente es práctica y sólo lo hacen si tiene una aplicación directa en el día a día: si me sirve para ganar dinero invirtiendo en NFT o kriptos, la sociedad está en eso, el futuro, y no podrás cambiarlo, Marcus, con tus novelas decimonónicas.

-Una de los motivos para los que sirve leer prosa de ficción, llorar con la historia del Pierre Bezújov y Natasha Rostov en Guerra y paz, odiar y admirar la ambición desmesurada del capitán Ahab a bordo del Pequod en Moby Dick, o reír y aprender la locura caballeresca de Don Quijote de la Mancha, para lo que sirve el esfuerzo de abordar estas grandes y difíciles lecturas es para enseñarnos que ninguno de los personajes mencionados anteriormente ha existido nunca, pero no por ello son menos importantes que mucha gente real, que casi toda la gente que hemos conocido en la vida real, de hecho, son mucho más fundamentales en nuestra manera de pensar y entender el mundo. Para eso sirve la ficción, maldita sea, no como dicen los críticos imbéciles: leer no sirve para nada. Seguramente no sirvió bien para lo que pretendían ellos: presumir.  

-¿Y qué tiene que ver eso con las decisiones que decías al principio?

-No lo sé, pero podría ser que, por ejemplo, un escribidor hubiera decidido crearnos y que ahora estuviéramos discutiendo sobre realidad en una ficción, que nuestra conversación fuera solo parte de un cuento cutre de internet. Podría ser que lo que pensamos que ha sido nuestra vida solo era un pretexto para abordar una ficción.

-Marcus, tú estás loco.

-Puede ser, no te lo niego, Jeycob. ¿Te apetece que nos tomemos una copa? Invito yo.

-Demonios, ahora te escucho.

Y tomó la decisión más trascendental de esa vida ficticia:
dejar de escribir
y punto
.

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