Espejo de obsidiana en que mirarse

Evolución del amor, la enfermedad y la muerte
Esporádico                                                    
Frecuente                               
Constante      

(M. F. V.)

Siempre recordaré el verano de 2022. Entre otras cosas, porque lo he pasado leyendo páginas y páginas del mismo autor: mi antiguo profesor de literatura hispanoamericana a quien hace unos meses le dediqué la entrada que los seguidores de este cuaderno recordarán: El profesor azul.

A principos de junio decidí que cuando llegara septiembre iba a embarcarme en la tarea de realizar una tesis doctoral. A pesar de que mi tiempo es escaso, como el de todo el mundo, comenzaría a preparar el proyecto durante el verano. Aunque algunos de mis amigos y conocidos han pasado por el duro trance de doctorarse, no les comenté demasiado mis aspiraciones por miedo a que se me fuera volando el entusiasmo.

Así que, si bien tenía claro que haría una tesis sobre literatura, no disponía de ningún referente para realizar dicho trabajo, ni de ningún ejemplo que me sirviera de luz y espejo guía en mi empresa. Un día caluroso se me ocurrió consultar lo que debería haber hecho como estudiante universitaro: la tesis de mi admirado profesor, M. F. V.  

Fue fácil dar con ella. La descargué e imprimí las primeras veinte páginas, las cuales leí en poco tiempo, cuando me cansaba de la lectura de Paul Auster. El trabajo de M. F. V. analiza la poesía de la revista Escorial, publicación que apareció de 1940 a 1950. El lector versado podrá hacerse una idea del periodo. Me sorprendí mucho, en un primer momento, al comprobar que aquel había sido el objeto de su investigación; yo lo relacionaba más con la poesía de Borges, Girondo, Vallejo, Huidobro, y no con Vivanco, Rosales, Panero padre o Torrente Ballester. Este descubrimiento no hizo si no acrecentar más mi antigua admiración. Decidí imprimir veinte páginas más e ir buscando las referencias, las obras, los ensayos, los poetas que en la tesis se mencionaban. También encontré en PDF la revista Escorial y la bajé completa. Aproveché las tomas de biberón de mi Claudia para reproducir en la televisión, que casi nunca miro, el viejo programa de estrevistas A Fondo con don Juaquín Soler Serrano, personaje que merecerá en un futuro su propio artículo laudatorio, y les puse voz y cara a Dámaso, a Gonzalo, a Luis y luego a Octavio Paz, a J. Carlos Onetti y a Juan Rulfo.

Andaba en estas pesquisas cuando un día encontré en internet una obra de mi profesor M. F. que llamó mi atención: El espejo de obsidiana. Estudios de literatura hispanoamericana. Después de un par de búsquedas, conseguí adquirirla en una librería de Madrid a través de Iberlibro. Llegó a casa en una semana y la incluí en mi colección. La edición del volumen es deliciosa: la textura del papel es suave, así como la portada de color vainilla, las letras del interior no están apiñadas como hormigas ni muertas de frío por el espacio en blanco; es un libro bonito, bien hecho. Pero no juzaremos aquí los libros por el exterior.

Se divide en dos partes, que quizá se correpondan con dos etapas intelectuales diferentes en la vida del autor, no necesariamente incompatibles. En la primera encontramos cinco estudios sobre literatura hispánica y en la segunda parte seis notículas de literatura hispanoamericana. A quienes les interese profundizar en poesía, son los que siguen:

I

La transformación: un recurso expresivo en Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca. “Qué esfuerzo del caballo por ser caballo. La vida, mejor, el deseo como fuerza que la anima y la impulsa consiste en una ciega búsqueda de uno mismo en los otros, en la alocada orgía de representaciones y máscaras que, si cambiantes, son inalterables en su naturaleza”. (pág. 26)

El espejo de obsidiana, dos colaboraciones de Azorín en la revista Escorial. “Y así va el mundo -afirma Azorín- y pasan y pasan años y pasan y pasan libros. Lo que subsiste es el ensueño y lo que se desmorona es el concepto científico. Porque en el mundo lo que prevalece, lo fecundo, lo creador, es la sensibilidad y no la inteligencia”. (pág. 41)

En torno al neobarroquismo de la inmediata posguerra: De Gerardo Diego a Vicente Gaos. “El poeta que oficia como crítico tiende a proyectar en ocasiones su propia concepción poética sobre los objetos de estudio”. (pág. 50)

Tres poetas hispanoamericanos en la inmediata posguerra española. “Esa generación del 36, planificaba el retorno a lo humano en la poesía y consolidaba el descrédito de las vanguardias que ya se había iniciado con anterioridad a la guerra civil.” (pág. 61)

De Adonais a Escorial: un paso atrás. “No puede entenderse la consolidación de la colección Adonais sin el constante trasvase de poemas y poetas que se operó de Escorial a la colección dirigida por Juan Guerrero Ruiz”. (pág. 77)

II

Algunas observaciones sobre el romanticismo argentino y español. “Tal actitud teórica -originalidad e independecia- [la del Romanticismo español e hispanoamericano] se fundamenta en un común desprecio de la poesía española del XVIII, [pero] el medievalismo, la pasión, la nota tétrica e incluso el panteísmo egocéntrico [proceden] de la Ilustración”.(pág. 82)

Borges, entre Orígenes y Ciclón. “Borges creía en la vida como una constante depuración intelectual a través de las experiencias literarias que pasaban a formar parte ya, como las actividades más primarias, de la verdadera existencia del hombre. […] Quizás la ficción sea la forma suprema de realidad”. (págs. 105-106)

El narrador narrado. (Anotaciones al poema Góngora, de J. L. Borges) “Borges y Góngora confluyen en el mismo mar infinito: el texto. En ambos, cada estrofa es un arduo laberinto de entretejidas voces y esa imagen es el símbolo capaz de aunar por encima del tiempo a dos escritores empeñados en construir a sus lectores”. (pág. 112)

Notas provisionales de una lectura compartida. (De Borges a Unamuno). “Más allá de los temas y las formas, un poeta es un tono”. (pág. 129)

El poema como tablilla de recuerdo: José Ángel Valente y Lezama Lima. “Todo texto poético es en su naturaleza fragmentario y discontinuo en el tiempo”. (pág. 131)

Fragmentos para una poética de Alberto Girri. “Inasible, la escritura se revela como un perpetuum vestigium de voces y silencios a la búsqueda de una poesía que alcance ser Una teología creadora de objetos / que se negarán a ser hostiles a Dios”. (pág. 145)

Cualquiera de los lectores habituales de este espacio observará que el interés de este escribidor reside fundamentalmente en la prosa. Incluso en los pocos versos que pueden -y que podrán- leerse aquí, primará una frase prosaica, narrativa. No obstante, mi admiración por los poetas es infinita, pues es la poesía la más noble quintaesencia de la literatura. Hasta ahora, he leído mucha más novela, obras como esta lo cambian a uno por dentro.

La poesía difícil, inasible, cumbre inexpugnable pero visible; esa es la que me interesa. Recuedo que era una delicia asistir a los análisis en vivo que impartía el profesor M. F. V., biopsia sin anestesia que aplicaba a textos vivos el autor noticulista sin dañarlos. Para todos aquellos que no tuvieron la suerte de verlo, es una lección magistral leerle.

Era mi intención en esta reseña-diario comentar alguno de los textos del libro, pero como buena literatura, habla por sí sola. “ El diaro, el espejo capaz de reflejar en la exactitud de la escritura la exacta verdad del pensamiento, cualidad vedada para el espejo-objeto. Pero el espejo no solo releja el paso del tiempo, sino que contiene en sí mismo el pasado, el presente y el futuro: esa lámina que reproduce imágenes y en cierta manera las contiene y las absorbe”.

Espejo de obsidiana en que mirarse, vayan a leerlo antes de que el tiempo lo extravíe.

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