La vida es un sendero que se bifurca

Suele ocurrir cada cuatro o cinco años. La vida nos pone en un cruce de caminos y nos hace elegir entre dos opciones bien delimitadas. No hay término medio, o un camino u otro. Tampoco hay mucho tiempo para pensárselo: como mucho un día, máximo dos.

Las decisiones que tomamos conforman nuestra vida y, aunque pueda parecer que es un contínuo escoger, en ocasiones es como si se llegara a un alto en el camino especial, donde tenemos muy claro que la dirección que escojamos nos marcará el resto de nuestra vida y que no podremos volver atrás. A veces sentimos vértigo ante tal perspectiva y preferimos no decidir nada, pero eso también es una decisión. Las personas no somos conscientes todo el tiempo de que las decisiones que tomamos en el día a día delimitarán nuestro futuro, solo ocurre al cabo de cuatro o cinco años. Si uno hace memoria, es fácil traer al recuerdo esos momentos. Quizá una clave de la vida consista en tomar el camino correcto, pero ¿cómo saberlo? ¿qué dice la tradición al respecto?

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El cruce de caminos es un lugar común en las historias populares. La vida como sendero es un concepto tan antiguo como el propio andar y es en estos lugares donde nos pasan las cosas más importantes, donde conocemos a alguien que nos cambia la trayectoria o no, donde vemos una señal que alguien ha dejado y la seguimos en busca de lo mismo o no lo seguimos en busca de lo contrario. Las posibilidades son tantas como vidas hay.

El guitarrista negro Robert Johnson no sabía tocar la guitarra. Aunque lo intentaba, no demostraba tener ningún talento como instrumentista, y así se lo hacían saber todos. Cuenta la leyenda que Robert vagabundeaba de un lugar a otro y un día encontró al diablo en un cruce de caminos. El diablo y Robert intercambiaron algunas palabras, quizá intuyó el joven negro que el otro era algo más que un viejo viajante. El caso es que sacó su guitarra y el diablo le pidió a Johnson que se la prestara para afinarla. Se la dejó, el diablo la afinó con oído absoluto y, al devolvérsela, Robert Johnson era el padre del blues: había adquirido todo el talento y el vagaje que le faltaban para ser un genio.

Uno puede encontrar algunas canciones de Robert Johnson si las busca, incluso hay recopilaciones en discos. Este mito esconde una vieja realidad: en los cruces de caminos ocurren momentos sorprendentes, inesperados, que marcan el curso de una vida. Quizá, como Johnson, hayamos conocido ya a dios o al diablo en algún cruce de caminos. A pesar de semejante bendición, la de ser un talentoso músico de la noche al día, la vida de este guitarrista fue un absoluto despropósito y murió asesinado; aunque sin el blues la música no habría sido lo mismo; quizá hubiera sido mejor, pero eso no lo sabremos.

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Dejando la mitomanía un lado, en nuestro vivir a veces nos ocurre lo mismo que al joven guitarrista negro de principios del siglo XX: el sendeno nos lleva a un cruce y tenemos que decidir qué camino tomar antes de que nos coja la noche. Podemos dibujar algún ejemplo muy sencillo: un buen día, nos ofrecen trabajar en el extranjero. El nuevo puesto implica mejores condiciones económicas y profesionales, pero tendremos que dejar nuestra vida actual atrás. Seguramente, en algún momento del pasado, hayamos coqueteado con la idea de trabajar fuera y que esto sería un sueño cumplido, pero en el presente representa una decisión difícil porque deberemos dejar, pongamos por caso, nuestra familia atrás por unos meses. Los sueños se suelen cumplir, pero no en el momento que nosotros quisimos que se cumplieran. Por lo tanto, tenemos un dilema.

El resultado de esta decisión, sea cual sea, será recordado por mucho tiempo y somos conscientes de ello. Casi podemos imaginar cómo será nuestra vida en ambas direcciones, como si nos dejaran entrever, a través de una pequeña ventana, el universo paralelo que constituye cualquiera de los senderos. La sabiduría hollywoodiense suele proponer el camino más osado, que en este ejemplo sería viajar al extranjero. Pero en nuestra vida diaria sabemos que cuesta mucho construir una zona de confort y no estamos dispuestos a renunciar a ella tan fácilmente. En otros cruces de caminos, habremos optado por la opción más valiente y puede ser que no nos haya salido tan bien como en las películas. Aunque la perspectiva de quedarnos donde estamos nos termine acomodando, sería una decisión sensata también. Además, en este caso, no aceptar la propuesta de marcharse al extranjero tampoco sería una postura cobarde, simplemente un camino que abriría otras posibilidades. Qué hacer, demonios, nadie puede saberlo.

Uno de los tópicos que suele aparecer es el de la voz interior que nos dicta qué camino tomar. En este caso, dicha voz está muda, no somos capaces de sacar nada claro de ella y cuanto más vueltas le damos, más difícil nos lo pone. Decidimos tirarnos a la piscina, si las oportunidades se presentan, por algo será, nos liamos la manta a la cabeza y aceptamos ese trabajo en el extranjero, aceptando todos los inconvenientes que al corto y al medio plazo nos plantea esta decisión. Y es en este momento donde tenemos otras dos posibilidades: o nos sale bien o nos sale mal. Si es lo segundo, habrá sido una mala decisión: aceptamos el trabajo y este no es lo que esperábamos, además, extrañamos a nuestros seres queridos, que son la única razón por la que estamos vivos. También puede ser lo primero: se cumple un sueño que tuvimos y estamos en un lugar mejor que nos compensa todos los sacrificios, de hecho, hemos podido, con el tiempo, mantener y conservar a nuestros allegados, además de abrirnos un mundo de posibilidades nuevas que nos hacen sentir que nuestro andar vale la pena. En cualquier caso, parece ser una cuestión de actitud, de lo preparados que estemos para un camino u otro. Eso sí lo podemos prever y, sabiendo las futuras decisiones que nos plaenteará este sendero al que llamamos vida, quizá podamos prepararnos para las próximas bifurcaciones.

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Aunque el joven guitarrista negro cumplió su sueño, su destino lo llevó a un final trágico. A veces nuestras metas se realizan de forma inesperada en cualquier cruce de caminos y debemos decidir si transtiamos la nueva realidad. Es imposible saber qué nos deparará el futuro, pero sí podemos trazar la estela de lo que ha sucedido hasta ahora.   

¿Qué habrá en la próxima bifurcación del sendero que transitamos? Será nuestra vida.  

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