Escribir poesía no es fácil hoy en día.
Soltar las riendas, el viento, la prosa
separar las frases en versos y comas.
Una rima asonante, un arte menor,
sin medir las palabras, con tono simplón.
Qué diría Cervantes, quién es Quiroga,
cuánto nos pesa la sombra de Lorca.
Me aburre el amor, me cansa el olvido,
me fumo un cigarro mientras suspiro.
Escritura automática para este autómata,
componer es querer ser un día aristócrata.
Escribir poesía no es fácil hoy en día.
Museos extraños de arte moderno,
intelectuales que tienen aire de enfermo
pasan las horas entre el ruido y la furia
del sol que calienta la sed de penuria.
Riego los campos con la mirada perdida,
libros baratos donde me dejé la vida.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis,
cuento las líneas y me salen diez.
Estoy en blanco, como esta página,
en textos oscuros deriva mi plática.
Escribir poesía no es fácil hoy en día.
Oraciones perversas para gente sin Dios,
que ha perdido la risa, ha perdido el color.
No existe la muerte, tampoco la noche:
las farolas alumbran las luces del coche.
Consonantes inmundas se prostituyen
en anuncios falaces que todo destruyen.
Cualquiera es un genio, acuérdate de Sócrates,
solo sé que no se nada de Hipócrates.
Las sombras a lo lejos que dicen adiós,
me quedo pensando si existe el amor.
Escribir poesía no es fácil hoy en día.
Un poco de música para distraerse,
un compás, un baipás, tal vez una serie
que salgan fantasmas y también superhéroes,
que salgan anáforas, metáforas tenues:
tu cabello de oro parece teñido,
las manos de alabastro que nunca has tenido
acarician mañana la frente de otro:
amanecer sin saber qué hacer con el roto.
Cruz de hierro, carretera y manta,
admirar el anuncio último de Fanta.
Escribir poesía no es fácil hoy en día.
Pero nadie dará un euro hoy por un verso,
esta es la antigua verdad del Universo.
Hay que hacer propaganda, saberse vender,
si quieres ganar, mucho hay que perder,
perder por ejemplo las flores del tiempo
el valor de una obra se mide en dinero,
dinero escaso para pagar el alquiler
tus ojos me gritan: no te quiero querer,
fracasas en belleza, estética, eres torpe,
a mí no me mires, a mí no me estorbes.
Escribir poesía no es fácil hoy en día.
He sido Walt Whitman, he probado la yerba,
he mirado al borracho tumbado en la acera,
también transité los caminos, las veredas sombrías,
alargué los versos, el llanto, por ver si me oías.
Pero todo resulta, a veces, tan falso
que me quito el sombrero y me subo al cadalso,
y me río del hombre que es mi ermitaño
y conquisto la suerte de ser un extraño
y me canso muy pronto con mi verborrea
y me voy por las ramas de mi melopea.
Escribir poesía no es fácil hoy en día.
Un último tirón y acabar lo empezado,
cumplir las promesas y tirar los dados.
El secreto del éxito es oscuro y es simple:
nunca pierdas de vista al niño terrible
que vive de ocupa en los altos balcones
cantando improperios a los ruiseñores.
Cuando todo pase y no seamos nada
dirán de nosotros que fuimos espadas
contra el viento iracundo de la monotonía,
aliados eternos de la melancolía porque
escribir poesía no es fácil hoy en día.