Etiqueta: vagabundo

  • La calle más bonita del mundo

    La calle más bonita del mundo

    Sabemos dónde vives.
    y dónde trabajas.
    te voy a quemar vivo,
    subnormal, dice uno de los
    vagabundos.

    Están molestos por el uso del
    plural que hace un vecino:
    estáis ensuciando la calle,
    estáis meando en el portal.

    El propietario entra en casa.
    el perro del otro ladra y hace un día
    radiante y azul
    en la calle más cara de la ciudad y más
    bonita del mundo:

    la Rambla de Tarragona.

  • Tres poemas tristes

    Tres poemas tristes

    a quien más nos quiere

    siempre
    la pagamos con quien más
    nos quiere.
    sonreímos a nuestros
    enemigos
    continuamente en
    la oficina, la clase, el café y
    luego la pagamos con
    quien más nos quiere
    al llegar a casa y encontrar
    las cosas como las tenemos.
    discutimos
    y nos vamos a la cama enfadados,
    estresados por el trabajo y la sociedad
    que nos espera al día siguiente a
    las seis treinta de la mañana
    cuando
    sonreiremos a nuestros enemigos,
    a quienes desean vernos caer o
    muertos.
    reiremos falsamente y
    dejaremos en casa toda nuestra
    frustración como una maleta llena
    de piedras.
    deberíamos
    sonreír a nuestros enemigos y
    también
    a quién más nos quiere.

    Bururu-buru-buru

    Bururuburuburu di un salto y miré
    a mi izquierda y vi a un hombre
    encorvado dando pasos cortos que
    extendía su mano diciendo: bururu-
    buru tengo sesentaicinco años y no tengo
    nada. dije que no con la cabeza con
    una sonrisa nerviosa y apunté estos
    versos al vuelo mientras se alejaba
    dando pasos cortos mientras extendía
    su mano, encorvado, diciendo: bururu-
    buru tengo sesentaicinco años y no tengo
    nada.

    tres

    llegaron cansados tres músicos para
    tocar en la ciudad portuaria a las
    12 del mediodía de un sábado de
    abril. dijeron venir de Barcelona donde
    lo habían petado a pesar de que el
    baterista no se encontraba bien desde
    hacía tiempo. mi amigo tocaba la
    guitarra sustituta y otro tenía un bajo
    Squire de 50 euros en el Cashconverters
    y una camiseta de los Ramones.
    eran tres y no duraron en la ciudad tres
    cuartos de hora. tres amigos fuimos a
    verlos pero no llegó nadie más. a pesar
    de que nos cobraron la entrada igualmente
    no tocaron más de tres canciones sin
    muchas ganas y medio bis. Hubiéramos
    subido al escenario a cantar con ellos y
    beber tres cubatas pero apenas teníamos
    en el cuerpo tres cervezas y los músicos
    habían llegado cansados de la vida y del
    ingrato oficio de tener que tocar para tres.
    decidieron renunciar al concierto pero no
    renunciaron a los 30 euros que dimos
    en nombre de las musas y de la amistad
    que alguna vez nos unió. estos músicos
    profesionales no pudieron ejercer su
    profesión porque llegaron cansados y
    tristes porque solo fuimos tres a verlos.
    otra cosa hubiera sido si hubiésemos
    sido tres-cientos, todo serían sonrisas y
    parabienes, deben ellos pensar, pero
    si algo enseña cualquier oficio es que 
    hay que ser igual de artista para tres que para
    tres mil personas. Kurt Cobain tocaba delante
    de casi nadie cuando era el mejor como sabe
    el baterista por los rare footage que ha visto en
    YouTube soñando con estar allí, se tiñó
    el pelo de rubio, tomó la droga, pero olvidó
    lo importante. los músicos se sintieron en
    un apuro y solo supieron cargar sus trastos
    y salir corriendo con la música a otra parte
    a olvidar Tarragona y a descansar en casa.
    mi amigo y yo nos miramos sin saber
    muy bien qué decir ni cuándo volveríamos
    a coincidir en un cruce de caminos cada vez
    más imposible. nos dimos un abrazo frío
    y fue tan triste como en una película española.
    hasta siempre, camaradas, tomaros tres cervezas
    a nuestra salud con nuestro dinero que no os
    ganasteis, sin recordar que hay que ser profesional
    ante tres-cientas, tres mil personas y, también,
    ante tres.  

  • golpe de suerte

    golpe de suerte

    buenas tardes, caballero,
    me dijo con una sonrisa de
    seductor y la cabeza
    ladeada el
    vagabundo. sonreí
    como diciendo:
    yo soy uno de los
    vuestros, aunque
    pase de largo con dinero en
    el bolsillo. pude haber sido
    ese tipo diez años más joven
    ahora.

    o quizá lo seré dentro
    de un tiempo. quién lo sabe.
    un día estás arriba y al otro dices:
    buenas tardes,
    caballero,
    esperando una moneda
    o un cigarrillo lucky strike.

    continúo mi camino y
    tomo un café junto a
    una gitana que habla
    por teléfono sobre unas hijas que
    pasan de ella en una
    terraza.
    sé que al próximo
    vagabundo que encuentre le
    daré todo lo que lleve en
    el bolsillo porque
    recordaré con cariño al
    vagabundo anterior que
    me saludó como a un
    igual.

    buenas tardes, caballero.

    quizás la suerte
    funciona
    así.