a quien más nos quiere
siempre
la pagamos con quien más
nos quiere.
sonreímos a nuestros
enemigos
continuamente en
la oficina, la clase, el café y
luego la pagamos con
quien más nos quiere
al llegar a casa y encontrar
las cosas como las tenemos.
discutimos
y nos vamos a la cama enfadados,
estresados por el trabajo y la sociedad
que nos espera al día siguiente a
las seis treinta de la mañana
cuando
sonreiremos a nuestros enemigos,
a quienes desean vernos caer o
muertos.
reiremos falsamente y
dejaremos en casa toda nuestra
frustración como una maleta llena
de piedras.
deberíamos
sonreír a nuestros enemigos y
también
a quién más nos quiere.
Bururu-buru-buru
Bururuburuburu di un salto y miré
a mi izquierda y vi a un hombre
encorvado dando pasos cortos que
extendía su mano diciendo: bururu-
buru tengo sesentaicinco años y no tengo
nada. dije que no con la cabeza con
una sonrisa nerviosa y apunté estos
versos al vuelo mientras se alejaba
dando pasos cortos mientras extendía
su mano, encorvado, diciendo: bururu-
buru tengo sesentaicinco años y no tengo
nada.
tres
llegaron cansados tres músicos para
tocar en la ciudad portuaria a las
12 del mediodía de un sábado de
abril. dijeron venir de Barcelona donde
lo habían petado a pesar de que el
baterista no se encontraba bien desde
hacía tiempo. mi amigo tocaba la
guitarra sustituta y otro tenía un bajo
Squire de 50 euros en el Cashconverters
y una camiseta de los Ramones.
eran tres y no duraron en la ciudad tres
cuartos de hora. tres amigos fuimos a
verlos pero no llegó nadie más. a pesar
de que nos cobraron la entrada igualmente
no tocaron más de tres canciones sin
muchas ganas y medio bis. Hubiéramos
subido al escenario a cantar con ellos y
beber tres cubatas pero apenas teníamos
en el cuerpo tres cervezas y los músicos
habían llegado cansados de la vida y del
ingrato oficio de tener que tocar para tres.
decidieron renunciar al concierto pero no
renunciaron a los 30 euros que dimos
en nombre de las musas y de la amistad
que alguna vez nos unió. estos músicos
profesionales no pudieron ejercer su
profesión porque llegaron cansados y
tristes porque solo fuimos tres a verlos.
otra cosa hubiera sido si hubiésemos
sido tres-cientos, todo serían sonrisas y
parabienes, deben ellos pensar, pero
si algo enseña cualquier oficio es que
hay que ser igual de artista para tres que para
tres mil personas. Kurt Cobain tocaba delante
de casi nadie cuando era el mejor como sabe
el baterista por los rare footage que ha visto en
YouTube soñando con estar allí, se tiñó
el pelo de rubio, tomó la droga, pero olvidó
lo importante. los músicos se sintieron en
un apuro y solo supieron cargar sus trastos
y salir corriendo con la música a otra parte
a olvidar Tarragona y a descansar en casa.
mi amigo y yo nos miramos sin saber
muy bien qué decir ni cuándo volveríamos
a coincidir en un cruce de caminos cada vez
más imposible. nos dimos un abrazo frío
y fue tan triste como en una película española.
hasta siempre, camaradas, tomaros tres cervezas
a nuestra salud con nuestro dinero que no os
ganasteis, sin recordar que hay que ser profesional
ante tres-cientas, tres mil personas y, también,
ante tres.