La palabra arte proviene del latín, como casi todas las palabras, y significaba, en aquella lengua milenaria: habilidad, profesión, arte. De entre los posibles significados que encierra este concepto misterioso, interesa el segundo. El arte es también una profesión y por eso cualquier profesión requiere de hablidad, y de arte. Se puede ser más o menos hábil en el desempeño de cualquier arte, pero es obligatorio trabajar.
Cuando pensamos en el concepto arte y en todo lo que conlleva, nos vienen a la mente las obras pictóricas, musicales, literarias; quizá también acuden a nuestra mente los autores de dichas obras: pintores, músicos, poetas. Ser esa clase de artista debe ser lo más maravilloso del mundo, porque son los únicos seres de la tierra que pueden hacer lo que les dé la gana sin que sean juzgados por sus acciones. Tienen libertad absoluta y comprensión por el gran público, que si bien censura su comportamiento, lo permite porque, a la postre, es un artista, una persona cuyo oficio es la producción de arte.
Muchos han sido los poetas homosexuales, drogadictos, alcohólicos, comunistas… cuya biografía se ha perdonado en cada momento de la historia gracias a los himnos humanos que legaron al sentimiento. Lo mismo ocurre con cualquier artista de destacable, nombres hay a montones, si no todos los nombres que valen la pena: Miguel Ángel, Lorca, Dostoievsky, Picasso, Hemingway, Ezra Pound, Baudelarie, Poe, en fin, la lista es infinita y cada cual puede añadir los que considere que falten. No hay que juzgar a los genios por su biografía, de hecho, no debería ser ni siquiera conocida, para que el espectador tasara la obra de arte sin afinidades con la manera de vivir del artista.
Toda aquella persona que haya aspirado a la libertad plena habrá aspirado a ser artista en alguna de sus vertientes. Puede ser que el objeto de su arte no sea la obra en sí, sino la patente de corso que lleva aparejada la vida del artista. Como Fausto, el poeta es inmune al influjo de las fórcidas, esas tres hermanas que compartían un solo ojo y un solo diente. El artista puede incluso pactar con el diablo para traernos a los mortales un arte que nos haga exclamar: detente, instante, eres tan bello, un arte que ponga de acuerdo a toda la sociedad humana, único capaz de proporcionar paz y redención. Tales conceptos nos legó el romanticismo, y en busca de tales eternidades viviremos muchos.

Pero muchas veces se olvida que el arte supone también una profesión, un oficio, es decir, implica trabajar. A muchos nos puede enamorar la libertad, a muy pocos les apasiona trabajar -del latín, tripaliare: torturar. Y menos agrada trabajar “por amor al arte”, sin recibir nada a cambio. Un sacrificio infructuoso en cuanto al dinero, la pesadilla de los racionales. La mayoría de los artistas mencionados, si no todos, además de ser genios, provenían de familias adineradas los sustentaron. Qué dificil se hace compaginar todas las vertientes de arte y conseguir ser un artista, bajo ciertos condicionantes. Aunque si el arte signfica profesión, quizá haya mucho arte ignorado.
Cualquier persona, en el desempeño de su oficio, puede ser un gran artista, admirado por los entendidos en ese ámbito, por su habilidad y arte en la profesión. La consideración de los oficios artísticos están condicionados por las modas del momento. Es el caso de la cocina, por ejemplo, que ha pasado a ocupar un lugar prominente en el terreno de lo artístico, llegando a veces al absurdo, y ya nadie niega que un cocinero pueda ser un gran artista o, incluso, un genio. Hay muchas personas destacables, que realizan su trabajo con amor, sin importarles el poco o mucho dinero que reciban a cambio -porque el dinero viene solo, como todos esos artistas saben. Hay mucho arte.

Para ser un gran poeta habrá que trabajar tanto como para ser un gran zapatero. La única diferencia será la remuneración económica que se perciba por ambas profesiones, que siempre irá en función de las modas y la valoración que se haga del producto artístico en ese momento: ya sea un poema o un zapato. Esto implica levantarse temprano por la mañana y dedicar un mínimo de ocho horas a un trabajo a veces monótono, duro, alienante, carente de sentido; pero también bonito, apasionado, único, capaz de hacernos felices por el simple hecho de realizarlo. También implicará ponerse a crear cuando no haya nada de lo que hablar, cuando falte la inspiración y el dinero. Habrá que sacrificar buena parte del tiempo en busca de algo que no siempre se consigue. Trabajar mucho para dar un salto al vacío, a shot in the dark, a veces jugándose la vida, arriesgando.
Para ser artista, y para ser cualquier cosa, se requiere hablidad y profesión. Incluso para escribir un artículo dominical en un blog, cuando hay tanto por hacer, se requiere arte.

