Etiqueta: escritura

  • Vargas Llosa, M. (ed. 2023 – 1997) Cartas a un joven novelista. Penguin Random House: Barcelona

    Vargas Llosa, M. (ed. 2023 – 1997) Cartas a un joven novelista. Penguin Random House: Barcelona

    Nota del autor: Fragmentos inspiradores extraídos del libro Cartas a un joven novelista de mi admiradísimo Mario Vargas Llosa. Espero que los disfruten y te sirvan tanto si eres escritor/a como si no.

    Una discreta autobiografía

    Tal vez, a los lectores empecinados de novelas les pueda enriquecer la lectura saber que, detrás de estas aventuras ficticias que encienden su imaginación y los conmueven, hay no sólo intuición, fantasía, invención y una pizca de locura, sino también terquedad, disciplina, organización, estrategia, trampas y silencios, y una urdimbre compleja que levanta y sostiene en vilo la ficción. (pág. 9)

    I.  Parábola de la solitaria

    […] ni se haga ilusiones en cuanto al éxito. […] descubrirá que los premios, el reconocimiento público, […] tienen un encantamiento […] arbitrario […] quien ve en el éxito el estímulo esencial de su vocación es probable que vea frustrado su sueño y confunda la vocación literaria con la vocación por el relumbrón.
    […] el escritor siente (que) escribir significa para él la mejor manera posible de vivir. (pág. 12)

    ¿Qué origen tiene esa disposición precoz para inventar seres e historias que es el punto de partida de la vocación de escritor? Creo que la respuesta es: la rebeldía. (pág. 15)

    La ficción es una mentira que encubre una profunda verdad. (pág. 16)

    Producto de una insatisfacción íntima contra la vida tal como es, la ficción es también fuente de malestar e insatisfacción. […] el mundo real, la vida vivida, son infinitamente más mediocres que la vida inventada por los novelistas. (pág. 17)

    […] inventar ficciones es una manera de ejercer la libertad y de querellarse contra los que -religiosos o laicos- quisieran abolirla. (pág. 17)

    Flaubert decía: «Escribir es una manera diferente de vivir». En otras palabras, quien ha hecho suya esta hermosa y absorbente vocación no escribe para vivir, vive para escribir. (pág. 19)

    II. El catoblepas

    La raíz de todas las historias es la experiencia de quien las inventa, lo vivido es la fuente que irriga las ficciones. Esto no significa que una novela sea siempre una biografía disimulada de su autor; en toda ficción […] es posible rastrear un punto de partida, una semilla íntima […] no hay excepciones a esta regla […] la invención químicamente pura no existe. (pág. 23)

    El novelista no elige sus temas; es elegido por ellos. (pág. 25)

    […] esa historia, esa intriga me persiguió, obsesionó, como una exigencia venida de lo más íntimo de mi personalidad, y debí escribirla para librarme de ella. (pág. 25)

    […] Proust […] transformó los episodios bastante convencionales de su existencia en un esplendoroso tapiz, en deslumbrante representación de la condición humana, (pág. 26)

    […] toda novela es una mentira que se hace pasar por verdad, (pág. 29)

    Creo que aceptando su imposición —escribiendo a partir de aquello que nos obsesiona y excita y está visceral, aunque a menudo misteriosamente integrado a nuestra vida— se escribe «mejor», con más convicción y energía, y se está más equipado para emprender ese trabajo apasionante, pero, asimismo, arduo, con decepciones y angustias, que es la elaboración de una novela. (pág. 30)

    Un tema de por sí no es nunca bueno ni malo en literatura. Todos los temas pueden ser ambas cosas, y ello no depende del tema en sí, sino de aquello en que un tema se convierte cuando se materializa en una novela a través de una forma, es decir de una escritura y una estructura narrativas. (pág. 31)

    III. El poder de persuasión

    […] la separación entre fondo y forma (o tema y estilo y orden narrativo) es artificial, sólo administrable por razones expositivas y analíticas, y no se da jamás en la realidad, pues lo que una novela cuenta es inseparable de la manera como está contado. (pág. 33)

    El poder de persuasión de una novela es mayor cuanto más independiente y soberana nos parece ésta, cuando todo lo que en ella acontece nos da la sensación de ocurrir en función de mecanismos internos de esa ficción y no por imposición arbitraria de una voluntad exterior. (pág. 35)

    El poder de persuasión de una novela persigue […] acortar la distancia que separa la ficción de la realidad y, borrando esa frontera, hacer vivir al lector aquella mentira como si fuera la más imperecedera verdad. (pág- 36)

    La mala novela […] como tal, una «mentira», un artificio, una invención arbitraria y sin vida propia, que se mueve pesada y torpe como los muñecos de un mediocre titiritero, (pág. 36)

    […] la forma consta de dos elementos igualmente importantes, que, aunque van siempre fundidos, pueden también diferenciarse por razones analíticas y explicativas: el estilo y el orden. (pág. 37)

    […] los grandes ejes de toda construcción novelesca: el narrador, el espacio y el tiempo narrativos. (pág. 37)

    IV. El estilo

    No importa nada que un estilo sea correcto o incorrecto; importa que sea eficaz, adecuado a su cometido, que es insuflar una ilusión de la vida —de verdad— a las historias que cuenta. (pág. 39)

    ¿De qué depende, pues, la eficacia novelesca? De dos atributos: su coherencia interna y su caracter de necesidad. (pág. 40)

    Alejo Carpentier […] No me gusta nada su rigidez, […] El reino de este mundo, obra maestra […] tiene un poder contagioso y sometedor que anula mis reservas y antipatías y me deslumbra, haciéndome creer a pies juntillas todo lo que cuenta. […] la sensación de necesidad que nos transmite, esa convicción que hace sentir a sus lectores que sólo de ese modo, con esas palabras, con esas frases y ritmos, podía ser contada aquella historia. (pág. 42)

    El estilo de estos autores, muy diferentes entre sí, nos persuade porque en ellos las palabras, los personajes y cosas constituyen una unidad irrompible. (pág. 43)

    La sinceridad o insinceridad no es, en literatura, un asunto ético sino estético. (pág. 45)

    Flaubert […] Salía a leer en voz alta lo que había escrito, en una pequeña alameda de tilos que todavía existe en lo que fue su casita de Croisset […] Allí leía a voz en cuello lo que había escrito y el oído le decía si había acertado (pág. 47)

    V. El narrador. El espacio

    Un narrador es un ser hecho de palabras, no de carne y hueso como suelen ser los autores; aquél vive sólo en función de la novela que cuenta y mientras la cuenta (los confines de la ficción son su exitencia), (pág. 50)

    […] tres opciones: un narrador-personaje, un narrador-omnisciente exterior y ajeno a la historia que cuenta, o un narrador-ambiguo del que no está claro si narra desde dentro o desde fuera del mundo narrado. […] el último […] un producto de la novela moderna. (pág. 51)

    Llamemos punto de vista espacial a esta relación que existe en toda novela entre el espacio que ocupa el narrador en relación con el espacio narrado (pág. 52)

    […] es normal que las novelas sean contadas (aunque no siempre lo advirtamos a primera vista) no por uno, sino por dos y a veces varios narradores, que se van relevando unos a otros, como en una carrera de postas, para contar la historia. (pág. 56)

    Si nos acercamos a echar una ojeada minuciosa, congeladora, armados de una lupa (una manera atroz e inaceptable de leer novelas, por supuesto) […] Pueden ser mudas veloces y brevísimas, que duran apenas unas cuantas palabras. (pág. 63)

    […] son los pequeños detalles, acumulados, los que deciden la excelencia o la pobreza de una factura artística. (pág. 64)

    VI. El tiempo

    Todas las ficciones (y, sobre todo, las buenas) tienen su propio tiempo, un sistema temporal que les es privativo, diferente del tiempo real en que vivimos los lectores. (pág. 68)

    El tiempo en toda novela, le repito, es una creación formal, ya que en ella la historia transcurre de una manera que no puede ser idéntica ni parecida a como lo hace en la vida real; (pág. 76)

    […] un material informativo relacionador, conexivo, inevitable, aparte de aquel o aquellos cráteres o episodios de máxima energía que hacen avanzar, dar grandes saltos a la historia (mudándola a veces de naturaleza, desviándola hacia el futuro o hacia el pasado, delatando en ella unos trafondos o ambigüedades insospechadas).
    Esa combinación de cráteres o tiempos vivos y de tiempos muertos o transitivos, determina la configuración del tiempo novelesco, (pág. 78)

    VII. El nivel de la realidad

    Esta interpretación —que es la de algunos críticos—, si es cierta (es decir, si la elegimos los lectores como cierta) (pág. 83)

    […] en literatura, lo que importa es siempre el caso individual, pues el genérico es siempre insuficiente para decirnos todo lo que quisiéramos saber sobre la naturaleza particular de una novela concreta. (pág. 85)

    […] el punto de vista de nivel de realidad. […] en él reside, en muchos casos, la originalidad del novelista. Es decir, en haber encontrado (o destacado, al menos, por encima o con exclusión de los otros) un aspecto o función de la vida, de la experiencia humana, de lo existente, hasta entonces olvidado, discriminado o suprimido en la ficción, y cuyo surgimiento, como perspectiva dominante, en una novela, nos brinda una visión inédita, renovadora, desconocida de la vida. (pág. 88)

    Lo importante no es en qué compartimento de esas escuetas o infintas tablas clasificatorias se encuentra la novela que analizamos. Lo importante es saber que en toda novela hay un punto de vista espacial, otro temporal y otro de nivel de realidad, y que, aunque muchas veces no se muy notorio, los tres son esencialmente autónomos, diferentes el uno del otro, y que de la manera como ellos se armonizan y combinan resulta aquella coherencia interna que es el poder de persuasión de una novela. (pág. 91)

    VIII. Las mudas y el salto cualitativo

    […] en las novelas más célebres de Kafka, El castillo y El proceso, la muda es un procedimiento lento, sinuoso, discreto, que se produce a consecuencia de una acumulación o intensificación en el tiempo de un cierto estado de las cosas. (pág. 87)

    Cortázar es uno de los escritores que mejor supo utilizar este recurso de las mudas —graduales o súbitas, de espacio, tiempo y nivel de realidad—y a ello se debe en buena parte el perfil inconfundible de su mundo, en el que se alían de manera inseparable la poesía y la imaginación, un sentido infalible de lo que los surrealistas llamaban lo maravilloso-cotidiano y una prosa fluida y limpia, sin el menor amaneramiento, cuya aparente sencillez y oralidad disimulaban en verdad una compleja problemática y una gran audacia inventiva. (pág. 101)

    Para Caillois, la verdadera literatura fantástica es aquella donde el hecho extraordinario, prodigioso, fabuloso, racionalmente inexplicable, se produce de manera espontánea, sin la premeditación e incluso sin que el propio autor lo advierta. (pág. 103)

    IX. La caja china

    La ficción no es la vida vivida, sino otra vida, fantaseada con los materiales que aquélla le suministra y sin la cual la vida verdadera sería más sórdida y pobre de lo que es. (pág. 112)

    X. El dato escondido

    […] mejor novela de Hemingway, Fiesta (The Sun also Rises)? Sí, esa misma: la imptencia de Jake Barnes, el narrador de la novela. No está nunca explícitamente referida; ella va surgiendo […] de un silencio comunicativo, (pág. 115)

    […] con el examen de un solo episodio de este libro clásico [Tirant lo Blanc], comprobamos que los recursos y procedimientos que muchas veces parecen invenciones modernas por el uso vistoso que hacen de ellos los escritores contempráneos, en verdad forman parte del acervo novelesco, pues lo usaban ya con desenvoltura los narradores clásicos. (pág. 120)

    XII. A manera de postdata

    Siempre habrá en una ficción o un poema logrados un elemento o dimensión que el análisis crítico racional no logra apresar. Porque la crítica es un ejercicio de la razón y de la inteligencia, y en la creación literaria, además de estos factores, intervienen, y a veces de manera determinante, la intuición, la sensibilidad, la adivinación, incluso el azar, que escapan siempre a las redes de la más fina malla de la investigación crítica. Por eso, nadie puede enseñar a otro a crear; a lo más, a escribir y leer. El resto, se lo enseña uno a sí mismo tropezando, cayéndose y levantándose, sin cesar. (pág. 136)

    Querido amigo: estoy tratando de decirle que se olvide de todo lo que ha leído en mis cartas sobre la forma novelesca y se ponga a escribir novelas de una vez.
    Mucha suerte (pág. 136)

    Índice onomástico de autores (Autores más citados por Vargas Llosa en el libro)

    Borges, Jorge Luis
    Carpentier, Alejo
    Cervantes, Miguel
    Cortázar, Julio
    Faulkner, William
    Flaubert, Gustave
    Hemingway, Ernest
    Joyce, James
    Kafka, Frank
    Onetti, Juan Carlos
    Proust, Marcel

  • El misterio de la escritura. Homenaje al escritor Marcelo Cohen

    El misterio de la escritura. Homenaje al escritor Marcelo Cohen

    Querido Marcelo:

    Voy a hablarte como si estuvieras vivo. Hacía mucho que no hablábamos. Lo último que nos dijimos fueron buenas palabras para proyectos futuros: yo había aprobado las oposiciones y a ti te habían puesto cadera nueva. Un horizonte se abría para nosotros. Quedamos en que hablaríamos para próximas reseñas literarias. Eso fue a finales de 2021 y a finales de 2022 me enteré, por un amigo, de tu muerte repentina. Noticia que me atravesó el corazón en dos partes y me dejó clavado en el suelo como el rayo.

    Es tanto lo que tengo que agradecerte. Has sido el único escritor, editor, traductor, literato, que me hizo caso de veras. Tus correos fueron para mí claves técnicas. Nunca me hiciste perder la ilusión y no dejaste de creer en lo que escribía. Seguramente por bondad cristiana o judaica, aplaudías mi natural entusiasmo y mis ganas de mejorar. Fuiste amable y bueno conmigo, en un mundo donde la crueldad es norma porque los escritores pasan hambre de éxito y de aprecio, y tratan a los demás como a sí mismos. Tú me enseñaste el oficio, a ver las palabras como arcilla y los textos como objetos hijos de un trabajo constante y humilde, a veces artístico e imperecedero. Por tu amistad conseguí publicar tres párrafos en OP, luego me defenestró Jota Ce y, al cabo del tiempo, no sé quién quedará, supongo que nadie. Hace poco vi que Jota Ce movía uno de sus libros, ciegamente visionarios, en el club de lectura de la biblioteca de mi ciudad. No será para él la gloria que tanto ansía, me atrevo a visionar cruelmente yo. Tú siempre fuiste amable conmigo. No sé qué me viste, supongo que amor por la literatura. Gracias.

    Quería contarte una casualidad, que quizá no sea tal sino el argumento lógico de una historia que los vivos sólo intuimos y cuyo misterio tú ya debes conocer. Después de las oposiciones, he seguido trabajando en mis escritos. De hecho, he creado una página donde cuelgo mis historias todos los domingos, como esta que te escribo ahora. Quería enseñarte mis textos de ahora y retomar el contacto, pero nunca encontraba el momento. Seguramente estabas ocupado con traducciones, revisiones y ficciones, no quise molestar. Vi que publicaste un libro y a punto estuve de leerlo y reseñarlo, como hice con el anterior de buena gana y sin esperar contrapartidas, pero yo también andaba ocupado siendo padre, marido, profesor y escribidor. Postergué demasiado este correo.

    Pero una serie de circunstancias concurrieron juntas. Resulta que adquirí el libro The Last Night of the Earth Poems de Charles Bukowski, con quien comparto el ninguneo por parte de los literatos anodinos como Jota Ce. Había leído algunas traducciones de su poesía, pero me parecieron insuficientes y, movido por un resorte vital, me dediqué a traducir algunos de los poemas presentes en ese volumen. Muchas fueron las dudas que me asaltaban a la hora de hacer ese ejercicio: hasta qué punto respetar los deliberados errores en el uso de las comas; si debía prevalecer el juego fónico del sonido de las palabras o su significado; cuando hay dos palabras diferentes que en español se escriben con la misma, cómo hay que proceder; estas y otras cuestiones me hacían pensar en ti.

    Sin embargo, continué con bastante buena fortuna mis traducciones adánicas, que encontraron muy buena acogida entre mis lectores de Facebook. Es curioso que cuando uno empieza la publicación diciendo: Últimos poemas de Bukowski, se genera una oleada de reacciones que no ocurre si pongo las mismas palabras al final del texto. Los caminos de la literatura son inescrutables e irónicamente divertidos. El caso es que no iba a escribirte aún, en parte temiendo la puerta cerrada de un silencio definitivo.

    Por otra parte, permíteme el juego, el pasado otoño me embarqué en el proyecto de hacer una tesis doctoral sobre la enseñanza de literatura en secundaria. Se trata de un intento sisifítico por acercar los clásicos al futuro: a los adolescentes. Muchos de mis colegas han tirado la toalla, pero tú sabes que mi entusiasmo no conoce límites. El caso es que he ido rastreando obras que reflexionen sobre la importancia de leer, los beneficios de la lectura, qué nos aporta este ejercicio difícil pero imprescindible, etc. Cuál es mi sorpresa cuando, pido unos libros en la biblioteca de mi ciudad y, cuando me llegaron al cabo de dos semanas viajando por correos, leo Cómo leer y por qué de Harold Bloom, editado por Anagrama, TRADUCCIÓN DE MARCELO COHEN. En ese momento casi tuve una epifanía: no debía tardar mucho en escribirte y contarte lo que me había pasado. Qué ibas a decir, te lo puedes creer, eran mis alegres preguntas.

    Paseando con dos amigos, uno de los cuales ha publicado en OP con más suerte que yo aunque fuimos arrojados ambos por la misma ventana, comencé hablando de ti, dispuesto a contarles la anécdota que acabo de referir. No me dio tiempo a decir tu nombre cuando mi colega dijo: Ha muerto, tío. No di crédito hasta que me mostró el mensaje en la cuenta de Twitter de la revista, no por desconfiado, sino porque parecía un giro de guion imposible, ilógico, que si estuviera en una novela resultaría irreal y forzado, pero era la vida, y la muerte, la tuya y la mía, de nuestra amistad sincera.

    Durante un tiempo no supe qué hacer con esta carta sin escribir, ya no tenía sentido escribirte si no podías leerme en este mundo. Me dejé llevar por los muchos quehaceres de la rutina. Pero hace poco recibí un correo que me hizo sonreír de nuevo. Un tal Ayesha (Álex) nos invitaba a hacerle un homenaje a Marcelo Cohen, reuniendo toda la correspondencia que tuviéramos de él o refiriendo anécdotas y recuerdos que tuviéramos por su amistad. Me pareció una iniciativa preciosa y me dispuse a encontrar un momento para navegar en la bandeja de entrada y salida, para escuchar de nuevo la voz nunca oída de Marcelo leyendo sus párrafos infinitos. Resultaba que el gran Marcelo Cohen no solo había sido generoso conmigo, sino con un grupo nutrido de escribidores como yo, consciente como era de que tanto los troncos grandes como las ramas finas mantienen encendido el fuego inextinguible de la literatura iberoamericana.

    Antes que yo, contestó alguien de la revista OP, de la cual Marcelo era director junto con su mujer. Resulta que rechazaban de plano la idea de publicar su correspondencia, ninguneaban al que había tenido la idea y, en fin, protegían la memoria del gran hombre enterrándola tras sus pequeñas miserias. Supongo que esa clase de gente rodeaba a Marcelo Cohen, quizá por eso gustaba de cartearse con quienes no ganaban nada con su amistad, con quienes soñaban con escribir la gran obra, sencillo como todos los genios.

    Hasta siempre, Marcelo, amigo. Aquí quedaremos los escribidores recordándote y recomendando tus novelas, traducciones, artículos y epístolas. Fuimos privilegiados por haberte leído y seguiremos siéndolo en el futuro, porque te seguiremos leyendo. Quizá un día nos encontremos frente a frente y nos cuentes cuál era el misterio de la escritura.

    Un abrazo,

    Ricardo