Etiqueta: el puerto de santa maría

  • lloraba ella, lloraba él

    lloraba ella, lloraba él

    Nota del autor: Este poema lo firma mi padre, quien escribe infitiamente mejor que yo. Dejo otras colaboraciones suyas por aquí y por aquí. Ojalá que te emocionen casi tanto como a mí.

    un país llamado
    España 1941.
    mujer joven de
    ventitrés años recién
    parida.
    vende por unos pocos
    reales
    la leche de sus senos para
    alimentar
    al hijo de un mal llamado
    “señorito”.

    esa leche le pertenecía a
    su hijo
    el cual lloraba de
    hambre
    en la canasta de mimbre.
    ella lloraba de
    rabia
    también y, mientras,
    el hijo del señorito se
    saciaba
    con el néctar de sus
    senos.

    terminada la toma
    corriendo volvía a su casa y
    calmaba el llanto de su hijo
    con lo poquito que el otro niño
    no se había
    comido.

    de nuevo lloraba ella
    por no poder saciar a su
    hijo.
    de nuevo lloraba él
    por no poder saciar-
    se.

    el llanto los cansaba y los dejaba
    dormidos.

    …oooOOOooo…

    RRS 9/9/23

  • Dos iguales para hoy

    Dos iguales para hoy

    Autor: Ricardo Rodríguez Sánchez, mi padre.

    Aún recuerdo aquel olor a cuero
    martirizado, cuando iba con mi tío
    Calle arriba, Plaza Nueva,
    calle abajo.

    Aún recuerdo aquel olor a cuero
    detrás de la silla con ruedas:
    Calle Nueva, Plaza Vieja,
    Calle Vieja, bodega,
    resbaladero, el muelle,
    barrio la playa, castillito
    hospitalario, calle Zarza.

    Dos iguales, para hoy dos
    iguales, para hoy, eso es
    lo que me queda
    ; y llevaba
    la cartera llena. Engañaba a
    la Suerte con la última moneda
    y al llegar al Bar Manolo
    siempre había un alma buena,
    Venga ya, dámelo todo y que Dios
    reparta suerte. Qué tarde llega
    la cena.
    Eran los años setenta.

    Calle arriba, calle abajo
    pidiéndole a la Fortuna
    que con su cabello de oro
    tocara de gracia a las personas
    que hoy han comprado el
    cupón, Dos iguales para hoy, dos
    iguales para hoy,
    para que
    compraran mañana también.  

    Aún recuerdo aquel olor a cuero
    martirizado, cartera de vendedor
    donde conviven billetes, monedas,
    numeritos y cartones de los
    suscritos. Caía la tarde en el Puerto
    de Santa María.

    Venga, que me he quedado
    ocho. Dame el tres que es más
    bonito. Yo siempre llevo suscritos el
    459.

    Calle arriba, Plaza Vieja,
    calle abajo.