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  • Técnicas efectivas para educar (Segunda parte)

    Técnicas efectivas para educar (Segunda parte)

    La primera parte de este artículo se publicó el pasado domingo. Pincha aquí para acceder al enlace.

    2. El poder igualador del amor: la herramienta más efectiva en la labor docente

    En un programa de la televisión pública, uno de esos en los que la periodista hace un reportaje entrevistando a las personas de un pueblo perdido en la sierra para conocer su rutina y las costumbres del pasado, uno de los entrevistados era un geólogo. Al parecer, el lugar tenía una importancia especial en ese ámbito a nivel internacional y el científico era un hijo del pueblo. Ahora vivía en Madrid o el extranjero, pero de vez en cuando volvía a su pueblo, donde estaban sus raíces y donde se habían inspirado la mayoría de trabajos que había realizado al inicio de una larga y exitosa carrera profesional. Hacía ya unos años que el geólogo había dejado de usar el peine, pero su rostro era jovial y juvenil.

    Uno de los momentos más álgidos de la entrevista fue cuando le preguntaron de dónde había sacado la vocación por la geología un chico de una localidad tan al margen de todo. La sonrisa del hombre se iluminó y dijo: «La vocación me la inculcó nuestro profesor Antonio. Nos llevaba de excursión a este sitio» dijo haciendo un gesto que abarcaba una zona de rocas grandes y desperdigadas sobre un manto verde, como si un dios infantil se hubiera dejado olvidados los juguetes «y nos explicaba la importancia histórica y geológica de este lugar. En el pueblo todos lo queríamos mucho, era nuestro profesor preferido. Por lo menos para mí fue alguien fundamental». En uno de esos giros de guion tan forzados, que en cualquier película hacen vomitar pero en la tele, cuando son personas normales quienes protagonizan las historias, adquieren una coherencia indiscutible, aparece de la nada el profesor Antonio que casualmente ha estado escuchando toda la conversación de su exalumno. Después de saludarse de una forma forzada, fingiendo que todavía no se habían visto, los sientan a los dos sobre una roca y ambos entrevistados, alumno y maestro, están sonrientes y contentos de volver a encontrarse, nada menos que para salir en la tele.

    La entrevistadora, siguiendo con el plan establecido, le pregunta al ya anciano profesor: «¿Cómo se siente al saber que José Luis es uno de los científicos más importantes de España? ¿Usted sabía que tenía un alumno colaborando con las mejores universidades de Europa?» Antonio se agarraba fuertemente las rodillas con las dos manos, visiblemente nervioso, un poco abrumado y temeroso de la cámara, pero feliz de estar allí. Su pelo, completamente blanco, centelleaba bajo claro sol de la mañana de primavera de aquel enclave cercano a un pueblecito de la sierra. «Sí, por supuesto que lo sabía. En el pueblo sabemos todos lo que ha conseguido José Luis. Me siento muy contento, claro». La entrevistadora, una chica joven, con un cuerpo esbelto y bien proporcionado, con el pelo largo y castaño derramándose, un poco inclinada para posicionar el micro, continuó: «Antonio, me han dicho que usted era muy buen profesor, ¿cómo consiguió motivar tanto a sus alumnos?» En ese momento, el viejo profesor guarda silencio. Mira al frente, hacia un paisaje que el espectador no ve pero que imagina idílico, y el ahora anciano trata de comprender cómo ha conseguido hacer que los alumnos se interesaran por unas cuantas piedras.

    «Hay que querer a los alumnos. El amor es la herramienta más fuerte para enseñar. Si los alumnos perciben que tú los quieres, que te importan de verdad… ya está, puedes enseñarles cualquier cosa. El profesor tiene que querer a sus alumnos». Pronto, la entrevista saltaba a tratar otros temas que no son importantes para el asunto de este ensayo. El consejo del profesor Antonio, a pesar de su sencillez, es tremendamente valioso, dado que ofrece la clave del éxito para que la labor docente sea un regalo diario.

    Hay muchos perfiles de profesores y profesoras. Los hay estrictos, los hay más laxos. Los hay quienes saben todos los cotilleos que ocurren entre los alumnos, estos detectan si un alumno lo está pasando mal en casa o está sufriendo algún tipo de acoso. También hay docentes que son verdaderos expertos de su materia y saben mucho más que cualquier profesor universitario. En fin, tipos de profesores hay tantos como clases de personas. La pedagogía y la literatura didáctica se equivocan al diseñar una clase única de profesor/a motivador/a, que generalmente usa y abusa de la tecnología, olvidando que, sobre todo, en esta profesión, el factor absolutamente diferencial —lo que la salvará de convertirse en un trabajo desarrollado por la inteligencia artificial— es el factor humano. Y es en el corazón donde las máquinas no pueden competir con las personas, porque no se puede querer a un ordenador ni él podrá corresponder de forma satisfactoria. Cualquier docente, entonces, sea como sea, aunque se trate de un carcamal pasado de moda, que no sabe ni siquiera utilizar el correo electrónico, aunque piense que el comunismo es la mejor organización social, aunque no tenga familia y en su tiempo libre se dedique a montar maquetas de barcos de guerra, a pesar de no entender el mundo que lo rodea con tanto móvil y redes sociales, puede ser querido por sus alumnos de quince años; son, de hecho, muchas veces muy estimados por compañeros y aprendices. Los hay de muchas clases, no se trata de una cuestión de edad o temperamento. Pero todos los profesores exitosos y carismáticos tienen un denominador común: aman su profesión y aprecian a sus alumnos. El amor no es incompatible con el respeto, de hecho es su razón.

    Será el amor el que dote al docente de la paciencia suficiente para repetir lo mismo una y mil veces. Será el amor el que lo impulse a mejorar cada día en su labor. Será la estima por las personas quien hará que las personas lo estimen también a él o a ella. Así de sencillo es el secreto del éxito, aunque su cumplimento obligue a un difícil equilibrio que continuamente se debe mantener, haciendo que a veces se pierda de vista lo realmente importante. Querer a los demás no es una tarea sencilla, pero siempre es recompensada. El amor es la antítesis -lo contrario- del ego, así que de nada sirve enorgullecerse de que los alumnos lo quieran a uno, lo importante es sentirse feliz por ser capaz de quererlos. Miles de caminos y opiniones irán jalonando la vida: tecnología sí – tecnología no, memorizar sí – memorizar no, confraternizar sí – confraternizar no, y más debates interesantes. Ante todos, la respuesta siempre es la misma; lo diferente es lo humano.

    Por eso las clases deben ser pautadas pero variadas, para que siempre espere una sorpresa.

    3. La pauta para una clase motivadora de una materia aparentemente aburrida

     (En el próximo capítulo)

    En esta entrega de artículos se irán desgranando algunos consejos y técnicas para la gestión de aula, dirigida a los muchos compañeros/as docentes que tengo y a cualquier persona curiosa que quiera reflexionar y ver por dentro cómo funciona la educación.

    Cada domingo se ofrecerá algún tema de debate a este respecto. Las opiniones en libertad de otros docentes o personas ajenas al ámbito de la eduación serán bienvenidas. Muchas gracias por leer hasta aquí y si te has quedado con ganas de más te invito a seguir explorando este sitio. Cada domingo publico una historia nueva.

    Muchas gracias,

    R. R. B.

  • Técnicas efectivas para la gestión de aula (Primera parte)

    Técnicas efectivas para la gestión de aula (Primera parte)

    Técnicas efectivas para la gestión de aula (Primera parte)

    Se entiende que la «gestión de aula» es la práctica docente que consiste en administrar el tiempo, los recursos y, sobre todo, al grupo de alumnos que conforman una clase. En este artículo, abordaremos la gestión de aula en la educación secundaria, es decir, dirigida a adolescentes. El principal reto para aquellos especialistas que desean dedicarse a la educación es el de ponerse frente a un grupo de 25-30 chicos y chicas, cada uno con individualidades muy diferentes, pero que juntos tienen un poder, y un potencial, enorme. Se trata pues de abordar este problema y ofrecer técnicas y consejos que puedan ayudar a la práctica docente, sobre todo para quienes no tienen mucha experiencia o para quienes todavía no se han metido en «la jaula de los leones». Es bien sabido que el hecho de tener que lidiar con adolescentes, y el vértigo que ello supone, aparta a muchos futuros docentes de la educación, porque piensan que para ello se necesita un talento o una llave especial. Nada más lejos de la realidad, lo único que se requiere para tener éxito en esta tarea es lo mismo que para todas: ilusión y ganas.

    Si estás aquí leyendo este artículo, ya tienes lo que hay que tener para conseguirlo.

    1.La autoridad ni se crea ni se destruye, sólo cambia de manos

    Cualquier persona que forme parte de la sociedad habrá oído hablar del debate de «la autoridad» y quizás alguno haya participado de él, a pesar de no conocer los rudimentos de la función docente. Entendemos por «autoridad», que de unos años a esta parte ha tenido tan mala prensa por parte de algunos especialistas en docencia, el hecho de tener el mando de la clase y de decidir qué hace cada individuo según el momento. Para ganarse la autoridad, se necesita previamente haberse ganado el «respeto» de los alumnos. Y antes que todo eso hay que partir de una idea previa: la autoestima.

    Sobre todo si uno es joven, le asalta el llamado «síndrome del impostor». Uno se pregunta, ¿quién soy yo para mandar a estos chavales algo?, si sólo hace unos años yo era un chaval como ellos, si ni siquiera conozco bien la materia que tengo que impartir, si hay niños y niñas más listos y con más carisma que yo… En cualquier profesión, a un trabajador le pueden asaltar esta clase de dudas existenciales, que luego se ocultan o se administran en secreto. El problema de trabajar con adolescentes, y no con adultos, es que ellos perciben la inseguridad de una forma reactiva. Por ello es muy necesario un trabajo previo de auto-convicción, para lograr que el estudiante, receloso por naturaleza, deposite su confianza instintivamente en el adulto que tiene delante y que no conoce.

    Hay un principio fundamental que justifica la autoridad que un profesor/a tiene delante de un grupo de alumnos adolescentes, aunque este docente lleve una hora ejerciendo la profesión, aunque nunca en su vida se haya puesto delante de una clase. Cuando se cierra la puerta del aula y el maestro/a está delante de su alumnado, ¿quién es el que tiene la responsabilidad del grupo? Por poner un ejemplo. Si en el transcurso de esa hora de clase sucediera un accidente de cualquier índole, que provocara que las autoridades tuvieran que acudir al centro educativo para intervenir el problema, ¿a qué sujeto le van a pedir explicaciones? Efectivamente: a la persona adulta y responsable de todo el grupo, al gestor autorizado por el Estado y en quien los padres confían, conscientemente o no, durante las horas que ocupan la jornada lectiva. El profesor/a es el máximo responsable del grupo de alumnos y por ello constituye la máxima autoridad.

    Uno de los errores más habituales que se cometen por parte de los equipos docentes y directivos es el de desautorizar al docente frente a los alumnos, cuando estos van a quejarse por cualquier circunstancia, tengan razón o no. Lo que sucede a veces, desgraciadamente, es que el autoproclamado representante de los alumnos establece comparaciones agradables a los oídos de quien las escucha: A diferencia de contigo, con el profesor o con la profesora «tal» no nos portamos bien, o también, él/ella no sabe explicar como lo haces tú, o cualquier otra forma de captar la benevolencia. La vanagloria es el punto débil de todos los seres humanos, así que no deja de ser habitual que el docente, que escucha que su labor es mucho mejor que la de otro, se deje adular por el canto de sirenas y, en su fuero interno, dé la razón a los estudiantes sin pensar en las consecuencias negativas que tiene eso para sí mismo. Porque, se acepte o no, un docente no sabe trabajar en equipo si no va a una con sus compañeros, por muchos años que lleve en la profesión y muy bueno que sea explicando Sintaxis o Trigonometría. Si le da la razón a los alumnos minando la autoridad del compañero/a, sin quererlo, socava la suya propia: el día de mañana, cuando tenga que dirigir a los alumnos, no querrá ser comparado por estos con el mal profesor y no se comportará en base a su profesionalidad sino en razón de su propia autoestima. Por ello, los docentes tienen que funcionar como una unidad, como un equipo con los mismos intereses y objetivos: el que los alumnos aprendan, no solamente lengua o matemáticas, sino también a convivir.

    No obstante, uno no solamente es responsable del grupo de alumnos, sino de lo que sus compañeros hacen durante su labor. Muchas veces, en sus quejas, los alumnos tienen toda la razón. Hay profesionales que son arbitrarios con la puesta de calificaciones, que no trabajan lo suficiente, que explican poco y mal a sabiendas, sin querer esforzarse, pero que son duchos en aplicar la ley del miedo, aprendida en años o siglos de experiencia. Es muy fácil confundir la autoridad con el autoritarismo, el respeto con el miedo, el liderazgo con el mangoneo. Por eso es necesario que los equipos docentes y directivos tengan herramientas, y «autoridad», para controlar los comportamientos abusivos por parte quien se propase, porque esas mismas herramientas protegerán a quienes quieren hacer su trabajo bien y les darán a los alumnos una lección fundamental: manda quien lo merece. Debido a las décadas donde las máximas autoridades en materia educativa son cargos políticos, es decir, gente que no sabe nada sobre gestión de aula, Matemáticas o Lengua, estas (des)autoridades viven en sus propias cámaras de eco, es decir, en su mundo, alejados de la realidad del pobre docente sustituto que aterriza en un centro educativo y tiene que sobrevivir una clase más. Son estos políticos, no los pedagogos, quienes han negado la autoridad del profesor, quizá por carecer ellos de legitimidad para ejercer la suya propia. Pero la autoridad ni se genera ni se destruye, sólo cambia de manos. Así, si no es el profesor/a el que manda al pisar un aula, hay que preguntarse en manos de quién está el rumbo de la clase. Los intereses del alumno más matón no serán los mismos que los profesor o profesora, por muy inhábil que este sea, a saber: que los alumnos aprendan lo que él o ella sabe, sino otros más espurios, como no hacer nada, infundir miedo en los más débiles, vanagloriarse de tener más autoridad que el docente, es decir, creerse más que el adulto responsable, en última instancia, de todo lo que sucede durante la hora de clase. ¿Eso es lo que quieren los padres? ¿Para eso paga el Estado docentes?

    A pesar de la política, el docente tendrá el lunes el mismo problema que cada día y lo que venimos a ofrecer en este artículo son soluciones. Así que el primer paso para ganarse la autoridad de los alumnos es creerse que uno tiene el mando sobre los alumnos porque el docente es responsable del bienestar de ellos, que tienen todo el derecho de ser adolescentes, de equivocarse, de aprender. Nunca, bajo ningún concepto, hay que tomarse los comentarios de los alumnos bajo el prisma de lo personal, o como única manera de saber si el trabajo se está haciendo bien. Por supuesto que uno trabaja porque los alumnos aprendan, pero el aprendizaje no pocas veces conlleva sacrificio y esfuerzo, y como los adolescentes no son tontos, preferirán, a priori, no trabajar ni esforzarse, como es lógico. Aquí es cuando entra la mentalidad del adulto, que tiene experiencia vital y sabe lo que es bueno y conveniente porque lo ha vivido. El docente debe legitimarse con la suficiente autoestima como para amarse a sí mismo, amar su labor y querer el bien de sus alumnos.

    2. El poder igualador del amor: la herramienta más efectiva en la labor docente

     (En el próximo capítulo)

    Nota del autor:

    En esta entrega de artículos se irán desgranando algunos consejos y técnicas para la gestión de aula, dirigida a los muchos compañeros/as docentes que tengo y a cualquier persona curiosa que quiera reflexionar y ver por dentro cómo funciona la educación.

    Cada domingo se ofrecerá algún tema de debate a este respecto. Las opiniones en libertad de otros docentes o personas ajenas al ámbito de la eduación serán bienvenidas. Muchas gracias por leer hasta aquí y si te has quedad con ganas de más te invito a seguir explorando este sitio, donde cada domingo publico una historia nueva.

    Muchas gracias,

    R. R. B.