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    Discurso de graduación

    Este breve texto fue leído por el autor de este espacio durante la celebración de la graduación de los alumnos del bachillerato humanístico-social de la promoción 2020-2022. Para que no caiga en el olvido el cariño que nos tuvimos, comparto esta carta de amor a la docencia, al saber, a mis alumnos y alumnas.

    Había una vez una pandemia. Corría el año 2020 y unos cuantos chicos y chicas se dispusieron a enfrentarse a un reto sin precedentes: cursar bachillerato. Habían terminado la ESO en un contexto nunca visto por nadie, ni por alumnos ni profesores.

    Empezaron unos treinta. Algunos de esos chicos se apuntaron porque no sabían qué hacer, otros lo tenían muy claro: criminología, ADE, economía… La mayoría, fue descubriendo su camino poco a poco: turismo, psicología, humanidades, ¡filología!

    Era la clase del bachillerato humanístico-social. Unos estaban allí huyendo de las matemáticas o la química, otros, pese a ser muy buenos en ciencias, amaban las letras; otros amaban las matemáticas y la economía en el social. Cada uno con sus intereses y sueños, con sus filias y fobias, con sus profesores preferidos y sus clases favoritas.

    Conforme avanzaba el curso, algunos se fueron bajando del barco en busca de otros horizontes. “El bachillerato es demasiado difícil” o “Esto no es como la ESO”, eran las frases más habituales. Otros resistieron, siguieron luchando. Cada uno escoge su camino y nadie sabe qué senda es la mejor, pero el mundo es de los perseverantes, de vosotros.

    Al terminar el primer curso, quedaron unos veinte. Han sido unos años locos: clases telemáticas, asignaturas imposibles, profesores despistados (entre los que me cuento); también hubo horas bajas en casa: pérdidas irremplazables, estrés en los exámenes, falta de sentido. Pero también hubo grandes momentos en el instituto: complicidad en las clases, asignaturas fáciles, profesores apasionados (entre los que quiero contarme); y situaciones felices en casa: padres y madres coraje, paciencia infinita, amor incondicional. Como cantan els PETS de Constantí: la vida és bonica, però (a vegades) complicada.  

    Corría el año 2021 y aquellos alumnos del bachillerato humanístico-social ya estaban en segundo. La pandemia amainaba y el ritmo se aceleró. El TREC, los exámenes, la sele. Poco a poco, aquellos chicos y chicas fueron superando los retos, superándose a sí mismos, aprendiendo de las experiencias. Pero lo mejor: siempre fueron amables.

    Es difícil ser cordial cuando las cosas se ponen difíciles. Como tutor de estos dos cursos, todos los profesores han destacado que mi clase era una gozada, un bálsamo entre lo que significa ser profesor de secundaria en el siglo XXI. Siempre me sentí afortunado de trabajar con ellos. Si me quedé un curso más, lejos de casa, fue gracias a vosotros.

    En muchas ocasiones me habéis tocado el corazón con vuestras palabras y manera de ser. Hemos pasado por mucho y hoy hemos llegado hasta aquí: vuestra graduación. Enhorabuena, os lo habéis ganado. 

    Hoy, 21 de junio de 2022, dejo de ser vuestro tutor. Ha sido un gusto, pero el camino no termina aquí. Hoy empiezo a ser vuestro amigo, de aquellos chicos y chicas que una vez decidieron emprender la aventura de cursar el bachillerato humanístico-social en el Andreu Nin.

    Aquí me tenéis para lo que necesitéis. Ha sido un placer haberos encontrado. Un abrazo de libro. Nunca os olvidaré. Os quiere,

    Ricardo